Y si está Poulidor, ya estamos todos. ¡Viva el Tour!

Movistar presentacion

Cuando uno descubre a Raymond Poulidor, 82 años lo contemplan, comiendo una ensalada en la sala de prensa de la Roche sur Yon, ya se da cuenta que no es necesario pellizcarse, que no es un sueño sino una realidad, y que el Tour, edición del 2018, ya está en marcha. Con Poulidor no falta nadie.

Da igual hasta quiénes sean los corredores. Uno de ellos, solo uno será el que llegará a París vestido de amarillo. Lo intentarán, por ejemplo, los tres ciclistas elegidos como jefes de fila del Movistar (en la foto, la escuadra española durante la presentación oficial de equipos). O, posiblemente, Chris Froome, quien fue abucheado, de forma exagerada, discutible para muchos y aceptable para otros (yo estoy más con los primeros que con los segundos) cuando subió al primer podio de la ronda francesa. En su tierra de adopción, allí donde ha ganado cuatro Tours, no acaban de quererlo. ¿Quizá, en parte y al margen de sus problemas con el salbutamol, porque desde 1985 no gana uno de los suyos en los Campos Elíseos?

A París, Poulidor solo ha llegado vestido de amarillo desde que es la imagen de Crédit Lyonnais (LCL) el banco que patrocina el jersey amarillo y uno de los mejores apoyos económicos de la ronda francesa. Y es que Poulidor tuvo muy mala suerte con los rivales a la hora de pelear por el triunfo final en la carrera; primero, con Jacques Anquetil , y después con Eddy Merckx, diez victorias entre los dos, a partes iguales, en la capital francesa. En los años 60 Francia se dividió según las simpatías entre el normando Anquetil y Poulidor, aunque ‘Pou-Pou’, los abuelos les contaron a los nietos quién era este personaje ciclista, sigue recogiendo la admiración por donde va y veteranísimos aficionados, de su misma edad o algo más jóvenes, se emocionan y los ojos se les enrojecen cuando ven a este astro de las dos ruedas.

Cuenta la leyenda que Anquetil y Poulidor eran enemigos intratables pero que en los últimos años de vida de Anquetil hicieron las paces y se convirtieron en buenas colegas, tal como ocurrió en Italia entre Gino Bartali y Fausto Coppi. ‘Pou-Pou’ fue a visitar a Anquetil cuando le quedaban pocos días de vida. “Hasta en esto te voy a ganar, querido Raymond. Me voy a morir antes que tú”, recuerda Poulidor como último comentario de Anquetil.

Para Poulidor, como para muchas otras personas, el Tour es como un contagio. La pasión por esta carrera y por la forma de vivirla va en aumento con el paso de los años y no hay medicina inventada, ni vacuna que sirva para olvidarla. Decía Salvador Dalí, quien nunca ocultó su pasión por la ronda francesa, que “cuando las bicis llegan a París se termina el verano”. Pablo Picasso gustaba sentarse en las terrazas de la Costa Azul, con un vaso de pastís, mientras los hermanos Lazarides, viejas glorias de los años 50, le contaban sus gestas por las carreteras del Tour.

Ya ha llegado el Tour y el Movistar ya anuncia con Valverde, Quintana y Landa batalla a Froome. Las bicis ya están preparadas, la carretera señalizada, los horarios establecidos, muchas autocaravanas ya aparcadas en la ruta de la carrera. En 1, 2, 3 arranca el Tour y Poulidor volverá a sentirse feliz, a rememorar sus años de gloria y a demostrar que siendo el eterno segundón también se puede ser un mito.

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