Una reflexión sobre épica y caídas

Estado de siniestro en el que quedó la bici de Danielson, el viernes

Estado de siniestro en el que quedó la bici de Danielson, el viernes

A todo el mundo le gusta hablar mucho de la épica y del sufrimiento en el ciclismo. A mí también. De hecho, prefiero hacerlo a tener que escoger el cansino tema del dopaje. En el ciclismo, como en tantos otros deportes, siempre está y estará presente la hipocresía, la falsedad y muchas veces la desconsideración hacia los corredores quienes, normalmente, y muchas veces por sus propios errores son las víctimas. Puede que sea la pasión por la juventud, el poder ganar mucho dinero en muy poco espacio de tiempo. Nadie negará que las grandes estrellas del ciclismo son chavales millonarios, algunos de ellos a la altura de algunos de las mejores figuras del balón.

A los ciclistas se les exige ganar y durante muchos años quienes pregonaban esa obligación miraban hacia otro lado sabiendo que para conseguir los éxitos que exigían a sus corredores era necesario algo más que los famosos espaguetis y el agua mineral aunque fuera con gas. Asimismo a los organizadores no les importaba colocar etapas de doscientos y pico de kilómetros con cuatrocientos puertos de montaña de por medio. Así día sí y día también. Hubo un tiempo en el que se habló de la reducción de las grandes vueltas. ¿Pasaba algo, por ejemplo, porque el Tour en vez de 21 días de competición tuviera 16 o 18? Al final siempre resultaría el mismo ganador en los Campos Elíseos, si no se caía por el camino, por supuesto.Sin embargo, la reducción de estos tres, cuatro o cinco días, supondría una rebaja de ingresos para los organizadores. Al menos aprendieron que reduciendo los kilometrajes, por carreteras con asfalto cada vez mejor y más rápido, tampoco pasaba nada. No era necesario que los ciclistas estuvieran todos los días siete u ocho horas encima de la bici.

Afortunadamente entraron en el ciclismo personas jóvenes con mentalidad diferente, innovadora, que querían realizar cosas valientes, nuevas. Y allí está el ejemplo de Javier Guillén, director dela Vuelta .¿Se equivoca alguna vez? Por supuesto, todos, yo mismo, todos, erramos alguna vez. Pero buscó y ha conseguido dar una nueva dinámica a una carrera que cometió el tremendo error, a mediados de los 90, de acceder a la petición de una UCI (Unión Ciclista Internacional), organismo siempre discutible, de cambiar las fechas de primavera por las de septiembre; la época en que la gente volvía de vacaciones, imposible acudir a la carretera a animar a los ciclistas, tiempo para el retorno del fútbol, dela Champions. Guillén ha trasladadola Vuelta al mes de agosto (vacaciones) aunque sigue teniendo el inconveniente de chocar con el fútbol, omnipresente en nuestra sociedad, para lo bueno y lo malo.

La ronda española quiso seguir el ejemplo de un Giro que ya lleva años buscando estretegias para cambiar lo que era una norma que llegaba desde París, como las comunitarias, en materia económica, llegan desde Berlín. Un prólogo cronometrado, una semana de etapas llanas (muchas veces infumables), una contrarreloj antes de la montaña, la pasión por las cuestas, etapas de fugas consentidas, otra vez la montaña, la contrarreloj final y el paseo por las calles de la capital para el vencedor de la prueba. Y así año a año. Toda la vida. ¿Hay alguna regla escrita que impida una llegada en alto al tercer o cuarto día, por ejemplo? Es que siempre tenemos que estar desde los tiempos de Miguel Induráin, hace ya más de 20 años, con la consiguiente angustia, todos los días, durante la primera semana, de vigilar quién se cae y quién no. Es verdad que siempre habrá figuras más torpes que otras, con más mala suerte que otras, pero nadie puede negar que en muchas ocasiones la caída es como un número de lotería, a veces toca y otras no. Nadie niega tampoco que hay corredores que ganan muchísimo dinero por tratar de ganar esprínts (caso de Mark Cavendish) y que saben que su Tour solo dura una semana. Por eso, muchos de ellos ponen el codo, empujan, sí empujan, a los rivales, tratan de pasar por donde no se puede y muchas veces, a velocidades sin sentido en momentos intrascendentes de la carrera, se juegan el pellejo sin importarles las consecuencias que su acción puede suponer.

Por ejemplo, si se confirma que la brutal caída del viernes que ha eliminado a 13 corredores (en la foto que acompaña este texto se ve el estado de siniestro total en que quedó la bici del estadounidense Tom Danielson, que abandonó) tuvo su origen en una irresponsabilidad de Alessandro Petacchi (al parecer se sacó la zapatilla o el plástico que cubre la zapatilla en caso de lluvia y se lo entregó a su compañero Vigano, en una zona de bajada, a 70 kilómetros por hora, y que este se desequilibro al soltar la mano del manillar y se enganchó con un contrario y todos al suelo) creo quela UCI (ellos mandan en cuestión reglamentaria, o eso dicen) debería por lo menos advertirle, ya no digo sancionarlo, pero sí como mínimo llamarle la atención por su irresponsabilidad.

Pero no estaría mal por el bien del espectador, que el Tour de una vez se dejase de programar tantas y tantas etapas llanas seguidas, que aburren muchas veces y que solo conducen a caídas y a eliminar favoritos (por ejemplo, Bradley Hesjedal, el vencedor del Giro) antes de que la carretera, las cuestas, dicten sentencia. Que sean los Alpes o los Pirineos, o las contrarrelojes, pero no las caídas las que decidan la general de la grande boucle. No tiene sentido que tras una semana de carrera la general sea la misma que salió del prólogo de Lieja. Ni siquiera han puesto bonificaciones. Quienes han perdido el puesto en el top ten, sin tener que bajar más lugares en la clasificación, lo han hecho por accidente y no por falta de fuerzas. El Tour se merece algo más que tener pendientes a todos los aficionados durante una semana de quién se caerá o no, sin dar oportunidad a que se mueva un poco la clasificación general. Aunque este año ya han comenzado a pillar iniciativas del Giro o la Vuelta (etapas como las de hoy en los Vosgos son más made in Giro o Vuelta que no Tour) iría bien que trataran de dar mayor aliciente y no desperdiciar año a año, década a década, desde el siglo pasado la primera semana de carrera. Recuerdo el sufrimiento con Induráin, que alguna vez también se fue al suelo, aunque sin consecuencias. O el año pasado. Alberto Contador jamás recuperó el tiempo cedido el primer día en la caída de rigor. Tanto cuesta poner una etapa de montaña al tercer o cuarto día. Creo que no.