Un pintor, un faro, un anciano y un banco

Pintor

El faro Estaca de Bares, en el Consello de Mañón, A Coruña, Galicia, es famoso por el viento. Resalta en lo alto de un acantilado. Y si se mira abajo, en el límite de lo permitido, se observa el color blanco de las olas que rompen contra las rocas. Hay hasta un hotel adjunto al faro para que los turistas se queden a dormir, se fotografíen con la luz nocturna que guía a los barcos y hasta descansen con el sonido de las olas y el rugir del viento. Y allí, procedente de Madrid, se ha situado este jueves Ángel Lage Lucendo, un artista plástico, que da clases de pintura a cargo del Ayuntamiento de la capital española.

Ha aprovechado la visita de la Vuelta a este enclave para plasmar la belleza que surge de sus manos como buen artista que es. Así mata el tiempo, mientras los ciclistas pedalean desde Mondoñedo, en la provincia de Lugo, hasta este faro, el lugar escogido para que finalice la 12ª etapa de la ronda española. Casi parece imposible que hasta aquí puedan llegar los ciclistas, a través de una carretera estrecha en ligera subida. Afortunadamente no ha heho mucho viento, lo que permite a Ángel estar sentado en su sillita de plástico sin que el papel se mueva, lo que le deja dibujar con toda la tranquilidad del mundo, solo rota por los aficionados que pasan por el camino donde se ha situado, el que lleva al final del precipicio. Más allá solo hay el mar y una caída libre nada recomendable.

La Vuelta se pasea por toda la geografía ibérica, este año de sur a norte, y deja imágenes más allá del combate de los corredores. Sucedió, por ejemplo, en Linares, de donde partió la octava etapa, la segunda que ganó Alejandro Valverde. Organización y ayuntamiento habían decidido situar el podio del control de firmas en la denominada Glorieta de las Américas. En las cercanías, había bancos como por ejemplo el que ocupaba un anciando de la localidad. Era, en principio, zona acotada, a la que solo se podía acceder con una acreditación. El policía nacional se dirigió al anciano: “Usted no puede estar aquí”. El anciano lo miró, pero sin rabia, como el abuelo que riñe al nieto, pero sin subir la voz: “Mire usted, tengo 85 años y este es mi banco. Vengo a sentarme aquí todas las mañanas. Y por mucho que venga la Vuelta, yo de aquí no me muevo”. El policía no tuvo opción a replicarle: “Caballero, siéntese aquí y disfrute del espectáculo de la Vuelta”.

De sur a norte, con el calor que derritía el asfalto en Andalucía, o con la lluvia y la sensación de frío en Galicia, se pasea la Vuelta. También se observó, hace un par de días, la pancarta que un agricultor colocó en la ruta de la carrera, junto a su tractor, una imagen que no se vio por la tele y que solo captaron aquellos que se movían en coche, por delante del pelotón. El agricultor citaba la marca de su vehículo aunque su queja no tuvo mucho éxito mediático. “Me he comprado este tractor (indicaba la marca y el modelo) y es una mierda. Llevo seis meses con él y no salgo del taller”.

En el fondo, de las tres imágenes, las más idílicas eran las del pintor que esperaba este jueves la llegada de los ciclistas dibujando en una cuartilla la imagen de un faro de Galicia con el Cantábrico al fondo y la del anciano que vivió una mañana, al menos diferente, aunque se rompiera la paz que buscaba sentado en su banco.