Un ‘maillot’ amarillo para Andrey Amador

 

 

Amador

Luis Pasamontes, exciclista profesional, lleva algunos años pronunciando conferencias, que no solo dirige hacia el mundo del deporte sino también el empresarial, hablando de lo vital que resulta el trabajo del gregario y que tal término no contiene, ni mucho menos, una expresión despectiva. Sin gregarios no hay empresas. Sin gregarios el trabajo no sale. Sin gregarios, y ya hablando de ciclismo, no se gana el Tour. Ellos son los que se cuelan en las escapadas, los que mantienen un ritmo constante para que el resto de equipos rivales se pongan nerviosos, para abrir el territorio para el ataque del jefe y para auxiliarle, aunque sea dándole pedaladas durante 200 metros en los que él se pueda recuperar, él pueda iniciar su ataque, él pueda conseguir una victoria, que no siempre es posible.

El gregario también es el que baja al coche a recoger bidones con agua fresca, con un esfuerzo continuo y constante en días en los que el calor azota, tal cual los corredores llevasen una estufa instalada en su casco, como ocurrió esta semana, por ejemplo, en la etapa de Nîmes. El gregario es el que entrega su bici cuando el jefe se ha caído o ha pinchado, el que no mira si ha perdido o ha ganado un minuto y él que lo abraza y le da ánimos cuando tiene que abandonar, como ocurrió el viernes entre corredores del Groupama cuando ya Thibaut Pinot tenía decidido poner pie a tierra y retirarse lesionado del Tour.

Y si hubiera que buscar un gregario, el gregario mil, el que se habría ganado el jersey amarillo si se entregase uno entre quienes renunciar a la pelea por las etapas en favor de sus jefes de fila, este no puede ser otro que Andrey Amador, el que se ha colado en todas las fugas de los Pirineos y los Alpes, el que ha esperado a Mikel Landa camino de Foix, el que ha ido junto a Nairo Quintana en ruta al Galibier, el que siempre ha estado donde tenía que estar para llegar a París este domingo entre el anonimato del pelotón pero con la conciencia de haber realizado el trabajo bien hecho.

Amador, un costarricense que ahora vive en Andorra tras residir muchos años en La Garriga, una población barcelonesa donde nació su mujer, es el mismo que un día peleó por ganar el Giro y se ganó la fama entre sus compatriotas ‘ticos’ que lo han elegido junto al portero Keylor Navas como la referencia deportiva del bellísimo país centroamericano.

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