Teruel existe

Teruel

¿Existe? Se puede dar fe de que Teruel existe con toda su esencia y pureza. Y si alguien tiene dudas que coja el coche a partir de mañana y se acerque por una montaña que se llama El Pico del Buitre donde se encuentra el observatorio astrofísico de Javalambre que da nombre al final de la quinta etapa de la Vuelta 2019 que se disputa este miércoles.

¡Qué barbaridad! Teruel tiene cimas, cumbres como Javalambre que ponen los pelos de punta y llamadas a provocar un seísmo ciclista no solo en la ronda española, sino en el Tour, si hubiera una cima a su imagen y semejanza en cualquiera de las cordilleras francesas. Teruel, políticamente hablando, es el Ohio español, porque dicta la tradición, como en Estados Unidos, que el partido que gana las elecciones entre los habitantes turolenses es también el que triunfa en el conjunto de España. Es tierra de ciclistas porque a poco que se empeñe la Vuelta, Javalambre o El Pico del Buitre, según se prefiera denominar, se puede convertir en un mito de este deporte.

¡Qué barbaridad! ¡Qué subida! ¡Qué salvaje! El cronista de este blog conoce decenas y decenas de montaña que han marcado hitos en carreras como la Vuelta, el Giro y el Tour. Muchas, en el fondo, se parecen, porque el corredor solo debe regularse, que ya es mucho, buscar un ritmo potente, y sin cambios de porcentaje exagerados, consigue llegar a la cima y cumplir su objetivo, sea el de atacar, el de resistir o el de superar la barrera montañosa sin excesivos contratiempos. Sin embargo, los últimos cinco kilómetros de esta cima de Teruel son extraordinariamente complicados, sin descanso, de los que obligan al corredor a retorcerse, a ponerse en pie sobre la bici y a llegar a meta con los ojos fuera de la órbita. Por eso, si finalmente la montaña entra en la historia de la Vuelta y se coloca, además, en la tercera semana, cuando todos están más cansados y los equipos fuertes más agresivos pensando en la cercanía de Madrid, puede empezar a formar parte del exclusivo club de montañas de ‘ensueño’ de la carrera española.

Hubo un tiempo en que Teruel se visitaba ciclísticamente hablando yendo por sus planicies, con alguna excepción como la subida a la estación de esquí de Valdelinares. Era una época en la que cualquier cicloturista conocedor de las montañas turolenses podía exclamar aquello de que las montañas de Teruel existen y están en el mapa. Se recuerda, una vez, en la que para conmemorar la construcción de la autovía que unía Teruel con Zaragoza se organizó una contrarreloj por la vía rápida. Fue un desastre. Además, no se permitió la entrada de aficionados, doble desastre.

Por eso, con la autovía cercana, desde Zaragoza o desde València o Castellón, merece la pena acercarse a esta joya de montaña turolense para subir hasta el observatorio en coche, en bici (este miércoles había numerosas ‘e-bikes’, las bicis eléctricas) o hasta detenerse en alguna de las laderas con la temporada de setas llamando a la puerta de los voluntariosos cazadores de la especie.