Siempre nos quedará Valverde

Valverde

La retirada de un ciclista no tiene porque ser una circunstancia triste, aunque siempre cierta añoranza se apodera de la gente y también de aquellos que han convivido con él; por haber escrito de sus gestas y también de sus sinsabores. Alberto Contador pone este domingo punto y final a su carrera deportiva, marcada en su recta final por su genial victoria del sábado en el Angliru. Hubo un día en el que también dejó el ciclismo profesional Miguel Induráin, un 2 de enero de 1997. En un frío salón de un hotel de Pamplona dijo que se iba, que había sido un decisión muy meditada pero que quería disfrutar desde ese momento de su familia. Con nieve, con temperaturas bajo cero, aquel 2 de enero si que fue una jornada melancólica. Induráin se fue y lo comunicó, en una de las primeras conferencias de prensa sin preguntas, leyendo un escrito, se levantó, saludó y nunca más volvió a competir de forma profesional.

Lo que realmente sí es triste es no poder despedirse de los corredores, del Chava Jiménez, que no supo cruzar la línea de meta que diferenciaba la buena de la mala vida; de Xavi Tondo, que encontró una muerte absurda en el garaje de unos apartamentos de Sierra Nevada; de Isaac Gálvez, con toda su habilidad, con todo su temperamento sobre la pista, no pudo evitar el accidente, como Manuel Sanroma, en el esprint de Vilanova i la Geltrú de la Volta. O el inolvidable Antonio Martín, que corría con la ilusión de tomar el relevo de Induráin.

Contador ya empieza a ser historia. O quizá leyenda. Este lunes solo se podrá bromear sobre si ha vuelto a atacar o no y atrás también quedarán los recuerdos de esta Vuelta corrida bajo el control, el dominio y la influencia de Chris Froome. Pero pasa lo que pase, siempre nos quedará Alejandro Valverde, cuya recuperación va de manera tan fantástica y rápida hasta el punto de poder considerarse que ya está casi tan fuerte como antes de sufrir la maldita caída en Düsseldorf.

¿Sabéis una cosa? Sé que no es un secreto y que Valverde no se enfadará si se cuenta en este blog. Pocas horas antes de que toda la pasión se desatase siguiendo a Contador mientras ascendía por el Angliru, Valverde se subió a la bici, se animó a efectuar un entrenamiento largo, colocó en potenciómetro en el manillar, y decidió comenzar a superar la barrera de los 100 kilómetros. Nada menos que 120 recorrió por las carreteras murcianas y, además, incluyó la ascensión a Sierra Espuña a razón de 5,5 vatios por kilómetro. O lo que es lo mismo a menos de medio vatio de lo que el corredor murciano emplearía en pleno esfuerzo, con dorsal y buscando un ataque en la montaña. El retorno está cerca y la fecha de caducidad parece tan lejana que permitirá a los nuevos valores del ciclismo como Marc Soler, Enric Mas e Iván Cortina puedan ir madurando, al tiempo que Mikel Landa toma las riendas del ciclismo español en el Tour. Y siempre con Valverde al frente del pelotón.