Siempre nos quedará Purito

Purito y sus fans

Voy a descubrir un secreto. A Purito Rodríguez tuvieron que pararle los pies, aunque en el buen sentido de la palabra. Porque él quería más. “¡Basta!”, le dijeron. Purito, el diseñador más que el ciclista, creía que aún eran insuficientes todos los puertos de Andorra que colocó en la colosal etapa del miércoles pasado. ¡Faltaba una subida! ¡Sí, señor! El puerto de Envalira, el que comunica El Tarter y Soldeu, los primeros prados y montañas que Purito vio cuando se instaló en Andorra, no figuraba en el guión de la etapa. Y aquel era su puerto, el que ascendió por primera vez cuando llegó al pequeño país de los Pirineos. La etapa contó, por lo tanto, con una subida menos, pero la Vuelta comprendió que ya era suficiente, que ya había bastantes cuestas con las que contentar al espectador.

Purito, en la Vuelta, es un corredor especial. Es la carrera que le gusta tanto o más que el Giro. El Tour, por una razón u otra, es una prueba que nunca ha sido su preferida. Descubrió la ronda francesa en el 2010, porque mientras estuvo en el Caisse d’Epargne, por una razón u otra, casi siempre decisiones técnicas, la grande boucle estuvo al margen de su calendario. En el equipo entendían que era un corredor más de Giro y que necesitaba recuperar fuerzas tras los esfuerzos en Italia para convertirse en la Vuelta en el gran ayudante de Alejandro Valverde.

Cuando fichó por Katusha todo cambió. De repente ya se vio como el jefe de filas que llevaba dentro, aunque de hecho su carrera deportiva comenzó a cambiar con su fuga en la fase final del Mundial de Mendrisio, el que ganó Cadel Evans y donde el corredor catalán conquistó su primera medalla, un metal, un bronce. ¿Florencia? ¡Ah, sí se le recuerda el nombre de la bella ciudad toscana! Casi, casi, campeón del mundo. Y lo hizo todo para conquistar el oro que perdió al esprint con Rui Costa. De la falta de entendimiento con Valverde se han escrito páginas y páginas, pero este sábado, casi dos años después de la carrera también quiero descubrir otro secreto. A veces cuando una necesidad fisiológica, urgente-urgente, reclama al cuerpo un alto, la búsqueda de un lavabo, la mente no puede trabajar con la celeridad que necesita para saber cómo actuar, por ejemplo en el último kilómetro del Mundial. Valverde se orinaba infinitamente y por eso no podía pensar como hubiese sido necesario para coordinar a la perfección sus movimientos con Purito. De lo contrario, seguramente, el campeón de Florencia habría sido otro en vez de Rui Costa, quien, por otra parte, ganó con total justicia. Por cierto, en Andorra lo vieron entrenar con el maillot arco-iris, lógicamente el que ya no le corresponde.

El oro de Florencia es una de los dos espinas que Purito lleva clavada dentro. La otra es la Vuelta del 2012 y la etapa de Fuente Dé de la que este sábado se han cumplido tres años. Él, en cambio, asumió rápido la pérdida de la maglia rosa en la útima etapa del Giro del 2012. El jersey rojo, el que le arrebató Alberto Contador, ese jersey rojo que creía que ya tenía ganado, ese jersey rojo siempre lo tendrá presente. Purito solo con un poco más de suerte tendría hoy un Giro, una Vuelta y un Mundial en su palmarés.

Sin embargo, él sigue dando guerra. La dio en el Tour con dos victorias de etapa en una misma edición, algo que muy pocos consiguen. Y, hoy por hoy, es un activo del ciclismo, sin necesidad de mirar todavía la edad en el carnet de identidad. Por esto y por mucho más siempre nos quedará Purito.