Rojas solo avisaba a sus compañeros de que llevaba la bici rota

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José Joaquín Rojas, al que todos conocen como ‘Rojillas’, llevaba mucho tiempo a cola del grupo del Movistar que disputaba la contrarreloj por equipos, el martes por los alrededores de Banyoles. Como el resto de compañeros se subió a la Canyon, en perfectas condiciones, y dispuesto a dar la parte de relevos que le correspondían. Las imágenes de televisión, en la última fase del recorrido, sirvieron para descubrir al corredor murciano siempre situado en las últimas posiciones. “Lo que yo vi –cuenta desde Pamplona una de las personas que más entienden de este deporte– es que cuando bajaba Rojas avisaba a sus compañeros de que entraran a cubrir el hueco. No era empujar, si no más bien colocar. Nada anormal”. En Pamplona, sin embargo, como en todas partes, vieron algo extraño en la actuación de Rojas. “Parece como si estuviera desentendiéndose en dar relevos”, decía desde Madrid otra persona con miles de kilómetros recorridos en las principales vueltas por etapas del mundo. Pero, realmente, ni se desentendía, ni empujaba a sus compañeros. Rojas tenía la bici estropeada. Sin más.

Sucedió en los primeros kilómetros de la etapa; de repente, quizás un bache, la tija del sillín de la bici de Rojas se aflojó y se descolocó. “Llevaba el sillín dos centímetros por debajo de lo habitual”, explicaba la noche del martes uno de los técnicos del Movistar. Además la tija estaba inestable. Rojas solo advertía a sus compañeros de que él no podía dar relevos y amistosamente les daba un cachete en el culo para que cubrieran ese hueco que jamás se puede dejar abierto y que siempre hay que cubrir en una contrarreloj.

Cuando quedaba un kilómetro, cuando Alejandro Valverde descendió, tras dar su relevo, a la cola del grupo del Movistar, le pidió a Rojas que hiciera el esfuerzo de entrar el primero en meta; era la recompensa que sus compañeros le querían dar tras seis meses lesionado, la mitad cojo, a consecuencia de la brutal caída que sufrió en septiembre pasado durante la disputa de la penúltima etapa de la Vuelta. Rojas disfrutó solo momentaneamente de la gloria del liderato en el podio. En menos de media hora fue desposeído de la primera plaza y sancionado tres minutos. Por la noche, el jurado internacional de la Volta, controlado por la UCI (Unión Ciclista Internacional) y no por la organización, convocó de urgencia a los técnicos del Movistar, tras las reclamaciones presentadas por los equipos BMC, Trek y Sky. Se fueron a dormir siendo líderes. Este miércoles, en la salida de Mataró conocieron que habían sido sancionados con un minuto (lo que está escrito en el reglamento) por los supuestos empujones de Rojas. La Volta que tenía Valverde en el bolsillo queda ahora abierta y con un puñado de favoritos, entre ellos él, destinados a pelear por la victoria final.

Hubo un precedente, una sanción –digamos similar– en el Tour de Catar por los empujones que se daban los ciclistas del desaparecido equipo del Cérvelo. Fueron tan descarados que Christian Prudhomme –Catar estaba controlado por el Tour– los vio en directo desde su coche y les comentó a los jueces que no tuvieran ningún reparo en aplicar un reglamento que, por lo visto, por lo sucedido y por la situación de Rojas, con la bici averiada, nada tiene que ver a lo que pasó realmente el martes en la ‘crono’ de la Volta.

En el fútbol, muchas veces los árbitros toman decisiones equivocadas que cambian el rumbo de un partido y hasta de la competición. En la Volta, sin balón y con bicis, ha sucedido igual. Tal vez alguien debería recibir una tarjeta más bien de color rojo, por no preguntar y enterarse de qué había sucedido realmente antes de aplicar el reglamento al pie de la letra.

(La foto que acompaña esta entrada corresponde a la copa que ganó el conjunto Movistar y que el martes por la noche se guardaba en el autobús del equipo).

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