¿Qué tiene la Vuelta que no tenga el Tour?

Vuelta salida toni baixauli

Hace ya 20 años el periodista Luis Gómez escribió un interesante artículo sobre la Vuelta en una desaparecida revista de ciclismo. Decía que la ronda española solo superaba al Tour en número de azafatas. La Vuelta contaba con más de un centenar mientras que en la ronda francesa “había las justas y necesarias”. Eran tiempos diferentes a los actuales. Nadie se planteaba el trabajo de las chicas bajo el aspecto sexista cuando había promociones que hoy consideraríamos impresentables. Una conocida marca de geles, espumas y cuchillas de afeitar formaba parte de los patrocinadores de la prueba y cada mañana, en la salida, una muchacha afeitaba a algunos ciclistas, pero no solo su cara, sino sus piernas, lo que, lógicamente, ni antes, ni ahora, ni después, daba una buena imagen ni a esa firma, ni a la carrera, ni a los propios corredores convertidos en niñatos que buscaban algo más que el éxito deportivo cuando toda la vida se habían recortado los pelos en la intimidad de la habitación.

Eso ha cambiado. Tampoco se hace salir a la carrera de polígonos industriales de difícil acceso ni se llega al interior de una fábrica donde solo acudía el consejo directivo porque pagaban a la prueba para que se vieran sus instalaciones. Ahora si patrocina una factoría se le convence que se les verá igual llegando los corredores al centro de la ciudad . De lo contrario, ya está el helicóptero de la televisión para mostrar discretamente las instalaciones industriales en cuestión.

Ahora sigue habiendo unas pocas azafatas, y también azafatos, que ya no besan a los ciclistas. El Tour, al contrario, sigue manteniendo la vieja costumbre de dejar marcado el rostro del ganador de la etapa o el líder de la general con el carmín de las chicas del podio. La Vuelta al contrario del Tour, al ser su estructura algo más pequeña en comparación al monstruo de la ronda francesa, tiene la posibilidad de mantener una mejor aproximación de los ciclistas con los espectadores. Es más fácil acercarse a Alejandro Valverde, por poner un ejemplo, en la salida de este domingo, en Benidorm, que, por ejemplo, en Nîmes hace algo más de un mes. Aquí, aunque haya centenares de espectadores, aunque la salida de Benidorm acoja un número similar de aficionados y curiosos -y más en plena temporada alta en la costa levantina- a cualquier punto de partida del Tour, no hay tanta valla y es más fácil acercarse a cualquier figura de la Vuelta, aunque haya mucho más público alrededor del autocar del Movistar.

Hay el mismo número de coches y autocares de equipos, los mismos vehículos que en el Tour -no hay que olvidar que la ronda francesa es la propietaria de la Vuelta- ya que ambas carreras comparten coches. Si alguien se acerca a cualquier salida o llegada de la prueba española observará que los coches oficiales de la organización llevan todos matrículas francesas. Pues, sí señor, son los mismos Skoda, los que recorrieron el Tour, y que llegaron a Madrid y a Alicante en camiones transportadores.

El coche en el que viaja Javier Guillén, director de la Vuelta, es el que empleó Christian Prudhome para dirigir el Tour, al que se subió Emmanuel Macron para coronar el Tourmalet y en el que viajarán alcaldes o cualquier otra figura política que se acerque por la carrera. Quizás, el público español sea más impaciente que el francés y en la Vuelta la gente prefiera recibir a los ciclistas en su pueblo de origen que desplazarse y esperar horas y horas en la carretera bajo un sol de justicia. No. Eso aquí no se hace. La hora de la paella es sagrada. Hay tiempo para comer y para ver pasar luego a la llamada serpiente multicolor.

La Vuelta se podría decir que es más familiar que el Tour. Aquí todos se conocen un poco más, aunque haya más de un millar de personas desplazadas. Y eso sí. La Vuelta ya tiene, después de la victoria de Egan Bernal en el Tour y ante las buenas perspectivas sudamericanas, más enviados especiales de Colombia que la Grande Boucle. Son dos carreras distintas pero en el fondo dos almas gemelas.