¿Qué depara la Volta en el futuro?

Enric Mas

Si se busca, entre los organizadores de la Volta, a una persona para hablar del futuro de la carrera, nada mejor que preguntárselo a Santiago Castrillo, toda una vida dedicada a la ronda catalana, de los pocos que han vivido los años duros, los difíciles, en los que parecía imposible sacar la carrera, hacerla realidad: ayuntamientos que no querían poner un euro sobre la mesa, empresarios que cerraban la puerta, que creían que este deporte ni despertaba pasiones, ni aportaba beneficio y que la primera palabra que pronunciaban era “dopaje” cuando se planteaba siquiera la posibilidad de que su firma comercial apareciera en un rótulo o en una pancarta de la prueba.

Si se pregunta a Santiago Castrillo por el futuro de la Volta sonríe, mira hacia París, señala la publicidad de los primeros patrocinadores que han llegado de la mano de ASO, la empresa que gestiona el Tour y que hará lo propio con la ronda catalana al menos durante los próximos cinco años. Si se mira hacia el futuro, deportivamente hablando, de quiénes seran los sustitutos naturales de Alejandro Valverde, de Alberto Contador, de Samuel Sánchez, de una extraordinaria generación de corredores españoles que han sido la flor y nata del ciclismo mundial, el horizonte se presenta despejado con nombres que en un futuro no muy lejano podrán subir a un podio de la Volta, cargado de publicidad, de azafatos o azafatas, da igual, con la señal de televisión repartida por todo el mundo y con ese planeta marcado por internet repartiendo historias de la carrera en cualquier continente o isla del planeta. Y se presenta con jóvenes rebeldes, que todavía deben coger experiencia, pero que están llamados a ganar carreras como la Volta y más largas todavía, es entonces cuando aparecen los nombres de las dos mejores promesas del ciclismo español; uno es catalán, de Vilanova i la Geltrú, y el otro mallorquín, de Artà, aunque ahora vive con su novia en Valldemossa. Son Marc Soler y Enric Mas. Son los grandes gregarios de Valverde, en el Movistar, y Dan Martin, en el Quick Steep. Son ciclistas que suben montañas, que resisten en las contrarrelojes y a los que no les duele ni se les caen los anillos por ayudar a sus jefes de fila. Y lo hacen porque saben que forma parte de su doctrina, que son alumnos aventajados, los que se sientan en la primera fila, los que toman notas, los que aprenden de sus maestros y también de los profesores que imparten clases en otros colegios o equipos ciclistas.

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Y allí estará siempre Castrillo, en su devoción ciclista, el que buscará horas libres, en cuanto cierra su oficina del Banco de Santander para subirse al coche y trazar la Volta del futuro. “Siempre habrá alguien que discutirá si una contrarreloj es demasiado corta o larga, como ha pasado ahora, o si debe haber más o menos montaña”. Y convencer a los ayuntamientos de que no ocurre nada por cerrar calles y carreteras en la disputa de una contrarreloj. Porque habrá corredores como Soler o Mas y porque Castrillo no hace más que estrechar manos de los enviados especiales de ASO –la plana mayor de la empresa que trabaja en Madrid para que la Vuelta a España sea una realidad– y que estos días cogen apuntes, en lo que será ya el desembarco oficial de los mentores franceses en el 2018. Pero el recorrido siempre será de Castrillo, antes ciclista que fraile, antes director de equipos, antes tantas y tantas cosas… en una Volta que respira los aires de futuro con los pulmones bien abiertos.

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