Puerto, no, puertaco, tampoco, lo siguiente

Perico

La Vuelta a España ha patentado un tipo de puerto que en un solo vocablo es difícil de definir. No son grandes montañas, de aquellas en las que el ciclista deba emplear una hora de pedaleo para llegar a su cima, como por ejemplo sucede en Francia con el Galibier. En unos pocos minutos ya están arriba, aunque para ello deban retorcerse sobre las bicis y, en ocasiones, hasta hacer equilibrios para no poner pie a tierra. “Son puertos que, en mi época, debido a los desarrollos que llevábamos en las bicis, habría sido imposible afrontar”, explica Pedro Delgado desde la cima de Les Praeres, en Asturias, la llegada de la 14ª etapa de la ronda española.

Y era imposible de afrontar porque a finales de los 80 y principios de los 90 las bicis llevaban piñones y platos demasiado grandes como para que el mejor de los mortales convertido en ciclista, como era el caso de Perico, pudiera cumplimentarlos sin tener que renunciar a la hazaña. Llegó y se popularizó el ciclismo de montaña, bicis que montaban pequeños platos y enormes piñones, bicicletas que permitían a cualquier persona mínimamente entrenada coronar cualquier pico por difícil y complicado que fuera. El ciclismo profesional de carretera imitió al de montaña, copiaron sus desarrollos y los perfeccionaron, y hoy es posible subir cualquier cuesta, aunque sea una rampa de garaje o una pista que haría las delicías de las más afinadas cabras montesas.

“Estos son los puertos que ha patentado la Vuelta, subidas que yo denomino de nuevo cuño. A mí, como a cualquier escalador, todo lo que fuera hacia arriba me habría beneficiado. Pero estas subidas también van bien a corredores explosivos, sin necesidad de ser escaladores puros y duros”. A Delgado, como todo buen escalador, sabe que las diferencias se hacen más en puertos de largo kilometraje, en subidas tipo Lagos de Covadonga, que la prueba visita este domingo. “Para mí la subida a los Lagos de Covadonga es la mejor, en cuanto a paisaje, es un encanto para realizarla en bici aunque la montaña más dura que hay en España, con total diferencia, es el Angliru”.

Delgado lleva más de una década presentando los puertos de cada edición de la Vuelta. Lo hace con un toque de ironía en un programa especial que se llama ‘Los Pericopuertos’. Lo han acompañado ciclistas en activo, excorredores y hasta deportistas de otras disciplinas. “Pero el más curioso acompañante que he tenido ha sido Pablo Carbonell. Lo invité a que fuera conmigo a La Camperona y le busqué una bici eléctrica. Él creía que era como un ciclomotor, que solo había que dar gas. Pero no, aunque hay ayuda, se debe pedalear”. Carbonell solo había ido un par de días al gimnasio. Y tuvo que rendirse ante el desafío.

En mayo fue cuando Perico acudió a Les Praeres. ¿Y cuál fue su sorpresa? Pues que se encontró con que todavía no estaban asfaltados los cuatro kilómetros de subida. Fue a principios de verano cuando se arregló la pista que lleva a la meta de este sábado. “Aunque el último kilómetro está igual que cuando yo lo subí en mayo. Hay un viejo asfalto que se combina con la tierra prensada”. Así deberán llegar los ciclistas a meta. Será un ‘Pericopuerto’, pero con los cuchillos en la boca. Sálvese el que pueda. Porque solo los más fuertes alcanzarán el reino del ciclismo.