A propósito de Valverde

Valverde Movistar

Alejandro Valverde llegará este domingo a los Campos Elíseos vestido con el jersey arcoíris que tanto le gusta e instalado entre los diez primeros clasificados de la general como pieza vital en la consecución del título del Movistar como mejor equipo del Tour 2019. Lo hará también con la satisfacción de saber que él no vino a esta ronda francesa a luchar por la general sino a trabajar en favor de dos líderes que, de no haber sido por los minutos que entregó en la Planche des Belles Filles, en la primera semana de competición -primera llegada en alto de la prueba- hasta podía haber sido el primero de los tres ciclistas de la escuadra que han firmado el ‘top ten’.

Entre los grandes triunfadores de esta edición del Tour hay que situar no solo al ganador final, a Egan Bernal, y a los dos corredores que lo acompañarán en el podio, ambos muy tapados durante toda la carrera, Geraint Thomas y sobre todo Steven Kruijkwijk, sino también a un Julian Alaphilippe, que ha sido el gran animador de la carrera, y de idéntica manera, a Valverde, omnipresente siempre en todas las etapas, siempre delante y solo cediendo un mínimo tiempo en las grandes citas pirenaicas y alpinas.

Si se tiene en cuenta que se habla de un corredor al límite de los 40 años, con casi dos décadas siempre delante en el pelotón, con más de un centenar de victorias acumuladas en su largo palmarés, entonces el papel de Valverde en el Tour solo se puede catalogar como fantástico y hasta con la evidencia de que el sábado, con un poco más de orden y con la consigna clara de quién podía ganar la etapa en el Movistar, seguramente ahora podríamos estar hablando también de un Valverde ganador en Val Thorens, adonde llegó en segunda posición por detrás de Vincenzo Nibali.

Hay que tener en cuenta que Valverde hasta junio nunca tuvo al Tour entre los objetivos del año. La planificación de la temporada llevaba al campeón del mundo a participar en el Giro y luego en la Vuelta. Las malas sensaciones acumuladas en las clásicas de primavera y una inoportuna caída entrenando antes de la Lieja-Bastoña-Lieja le hizo renunciar a la ronda italiana para confirmar semanas antes del inicio del Tour su presencia en la salida de Bruselas.

Con un Landa siempre activo, desafortunado por la caída, o mejor dicho por el derribo, en la etapa de Albi, pero que no ha podido fructificar una escapada con el éxito que él deseaba, y con Quintana, triunfador en una etapa, victoria que consiguió  con cierta rebeldía -”ese no era el plan”, repitía Landa tras bajar del Galibier- Valverde, sin duda, ha sido el gran triunfador en la escuadra española. Y guste o no guste, se discuta más o menos, se busquen argumentos a favor o en contra, esta es la realidad. Valverde ha estado siempre en la zona caliente de las etapas y más podría haber hecho, aparte de la victoria en Val Thorens, de haber gozado todavía de más libertad.

El próximo destino del campeón del mundo es la Vuelta, la carrera de tres semanas que más le gusta, donde se siente más a gusto y donde siempre, tradicionalmente, realiza un mejor papel. Guste o no guste, volverá a ser el gran animador de la carrera y por mucho Richard Carapaz, ganador del Giro, que se apunte con el Movistar con la victoria final en la mente, vaya o no Quintana, él debe actuar con absoluta carta blanca, que haga lo que quiera y cómo quiera porque en su cabeza y en sus piernas están la posibilidad de que se viva y se disfrute de una gran Vuelta a España a partir del sábado 24 de agosto. Hasta entonces y ya con la mirada puesta en la ronda española se despide este blog.

 

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