A propósito de Roglic

 

 

Roglic recortado

El nombre de Primoz Roglic sigue resultado extraño para muchas personas no demasiado puestas en las enseñanzas ciclistas. Sonarán los de Valverde o Landa, por citar a dos estrellas españolas, o los de Froome o Nibali, por nombrar a dos corredores extranjeros de renombre. Incluso alguno todavía tenga que familiarizarse con Bernal, ganador del Tour, aunque ya sea un ídolo en Colombia, el que comienza a pisarle los talones en su país al más famoso de los ‘pedalistas’ que sigue siendo, entre sus paisanos, Nairo Quintana.

Sin embargo, no es ninguna sorpresa que Roglic sea el líder de la Vuelta y hasta ahora el más fuerte entre los corredores que están luchando por la general. Tampoco resultaría un hecho fuera de lo común que este corredor esloveno acabase ganando la Vuelta porque desde hace dos años es uno de los ciclistas que más ha progresado y que más peligroso se está mostrando en todos los terrenos. En el Tour del 2018 ya evidenció que podía luchar perfectamente por la victoria. Hace dos años terminó la ronda francesa en cuarta posición por detrás de Thomas, Dumoulin y Froome. En el 2019, extrañamente, prescindió del Tour y apostó por el Giro. Él atribuye su declive en la tercera semana de la ronda italiana a una caída. Allí sufrió más de lo que se esperaba después de dominar la prueba de forma perfecta durante la primera parte del recorrido. Fue el mejor en la contrarreloj pero acabó sucumbiendo sobre todo ante un Movistar, con Carapaz y Landa, que funcionó de forma maravillosa sin los líos habidos posteriormente en el Tour y también en la Vuelta.

Así que desde el inicio de la Vuelta ha estado siempre como un firme candidato a la victoria, aunque empezó la prueba de la peor manera: un escape de agua -un vecino vació una piscina de plástico en un chalet cercano e inundó la ruta de la contrarreloj por equipos de Torrevieja- provocó una múltiple caída del Jumbo que ocasionó luego la retirada de Steven Kruikwijk, tercero del Tour y que estaba llamado a ser el principal escudero de Roglic en la Vuelta.

Roglic tuvo un tardío debut en el ciclismo ya que deportivamente se inició como saltador de esquí. Él es de una localidad llamada Zagorje que está cerca tanto de la frontera de Austria como de la de Hungría. Cuando él nació todavía no existía la república de Eslovenia. Sus primeros pasos como bebé fueron como ciudadano yugoslavo. Precisamente el más ilustre de los vecinos de su localidad natal es Janez Drnovsek que fue tanto presidente de Yugoslavia como de Eslovenia.

Este año, sin embargo, ha sido el de su explosión definitiva en el ciclismo con triunfos en el Tour de los Emiratos, ante Valverde, en la Tirreno-Adriático frente a Adam Yates y en el Tour de Romandía en lucha con Rui Costa y Geraint Thomas, al margen de la tercera plaza del Giro por detrás de Carapaz y Nibali y por delante de Landa. También ganó en el 2018 la Vuelta al País Vasco frente a Landa y se colgó en el 2017 la medalla de plata en la prueba de contrarreloj del Mundial de ciclismo en ruta.

Lora, su mujer, lo está siguiendo en esta Vuelta. Viaja con su madre y el hijo de la pareja en una caravana y se deja ver llena de felicidad en las llegadas de la carrera por donde se mueve con un pase VIP que le ha facilitado la organización.

Quizás, al margen de cerrar las carreras con éxito, Roglic debería mejorar un poco más las formas al mostrarse esquivo con la prensa y los aficionados. Tendría que comprender que no son rivales a los que hay que batir cuando llega una cuesta o un duelo contrarreloj. Unos, los seguidores, están para disfrutar del ciclismo, un deporte que permite como ningún otro acercarse a los protagonistas, casi tocarlos. Otros, los medios de comunicación, cuentan sus hazañas, cuando se producen, o las desdichas, si llegan, pero son los que dan publicidad a su carrera deportiva y sobre todo a la marca que lo patrocina y le paga un salario extraordinario.