A propósito de Nairo Quintana

Quintana

Las banderas de Colombia ondean este jueves en los Alpes. Hasta el embajador del país se ha acercado a esta pequeña ciudad ambulante que es el Tour con el alma repartida entre Nairo Quintana y Rigo Urán. El primero llegó a la carrera con el ánimo de intentar pelear por la victoria y, en caso contrario, repetir el puesto de honor en el podio que había conseguido en los años 2013, 2015 y 2016. De Urán se podría decir que ha venido a esta ronda francesa en silencio y sin hacer ruido para encontrarse de repente en posición de luchar por la victoria con Chris Froome.

El ciclismo colombiano es, con diferencia, el mejor de Latinoamérica. Términos como ‘escarabajos’ o ‘pedalistas’ han traspasado las fronteras del país desde que el gran Gabriel García Márquez escribió las proezas de Ramón Hoyos. Recuerdo en los años 80 como Bernard Hinault ordenaba a sus gregarios que castigasen a Lucho Herrera y Fabio Parra en las etapas llanas del Tour porque quería que llegasen cansados a las cumbres. Los temía y no se fiaba un pelo de ellos. Lucho ganó la Vuelta en 1987. Semejante hazaña fue la proeza más importante de la historia colombiana, porque todavía había que esperar tres años para que Nairo Quintana fuera sencillamente engendrado. Hasta que él llegó surgieron a la estela de Herrera y Parra ciclistas como Álvaro Mejía, que luchó por un Tour con Miguel Induráin, Oliveiro Rincón y más adelante Santiago Botero, que fue campeón del mundo de contrarreloj.

Nairo representa a toda una generación colombiana, los nuevos ‘escarabajos’, que no solo brillan en las cumbres, sino en todas partes, hasta aparecer incluso un compatriota suyo que gana esprínts y lucha por las clásicas como Fernando Gaviría; sin olvidar, aparte de Urán, a Esteban Chaves, apagado por diversas razones, hasta personales, en este Tour pero que espera recuperar su espíritu de figura en la Vuelta, dentro de un mes.

Esta mañana, en la salida de Briançon, el Tour ha querido homenajear al ciclismo colombiano con motivo de su fiesta nacional y como todos los días Nairo ha sido considerado como ‘Héroe del Tour’, rango que permite a las estrellas de la carrera permanecer hasta última hora encerrados en su autobús y presentarse al control de firma unos pocos minutos antes de que se dé la salida. Las figuras lo agradecen aunque los espectadores cada vez tengan más difícil poder ver a los corredores más mediáticos que disputan el Tour.

Nairo no ha encontrado, ni mucho menos, su toque mágico en este Tour. El año pasado también anduvo reñido con la victoria pero acabó en tercera posición. Quintana ha sufrido seguramente el desgaste de un Giro que, en opinión de este cronista, nunca debió correr para repetir la experiencia que tan buen resultado dio el año pasado. Estuvo mejor en la Vuelta que en el Tour y consiguió la victoria en Madrid.

Pero Quintana quiso probarlo para intentar repetir el éxito del 2014 cuando se convirtió en el primer colombiano que ganaba el Giro. Como siempre primero en todo: el coleccionista de podios en el Tour y el único de su país que ha conseguido la victoria en dos de las tres grandes del ciclismo mundial. Tales éxitos lo condecoran como el mejor corredor de Colombia de todos los tiempos y, seguramente, como el más grande deportista colombiano de la historia.

Quintana ha dado tardes (o mejor dicho mañanas por la diferencia horaria) de gloria a Colombia. Las críticas siempre deben ser aceptadas. Pero, en ocasiones, una dosis de moderación nunca viene mal. A veces, los corredores ni son tan buenos ni tan malos. Y fallan. Ahora más que nunca porque antes era fácil, de forma artificial e inaceptable, recuperarlos de un día para otro. Pero si apostamos por un deporte más justo, más humano y alejado de las proezas artificiales, nos encontramos con que corredores como Quintana pueden fallar, incluso en el Tour. Pero por ello no hay que condenarlo a la hoguera del infierno. Y menos en Colombia.

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