A propósito de Mikel Landa

Landa, al frente de las figuras del Tour

 

Mikel Landa, pese al lastre de tener que correr este Tour como gregario de Chris Froome, lo que él ha aceptado y por lo tanto debe respetar, es algo así como una luz que está iluminando la carrera, en una edición, en cuanto a la participación española, golpeada por la prematura caída de Alejandro Valverde, el también abandono de Ion Izagirre, en el año que se probaba como jefe de filas, la desdicha de Alberto Contador y, pese a ser colombiano, aunque líder del Movistar, la falta de frescura en el pedaleo de Nairo Quintana.

Landa demostró en Peyragudes lo que se sabía en los corrillos del Tour. Es, quizás y hasta con diferencia, el escalador más fuerte en esta edición. Es un Landa, además, que se ha presentado a la ronda francesa (carrera que inicialmente no figuraba en los planes del corredor) con ilusión, lo que siempre se aprecia cuando cualquier periodista se acerca a las inmediaciones del autobús del Sky donde se le ve con la sensación de que se está divirtiendo, que se lo pasa bien, lo que desvela el estado de forma de un corredor. Cuando el ciclista se encuentra lejos de su forma las piernas duelen, sobre todo en los ascensos, se sufre y se pasa fatal sobre la bici. En cambio, al revés, el corredor disfruta y hasta siente una especie de satisfacción personal si comprueba que mientras él azota a los contrincantes, el resto de corredores se derrumba a su estela. La única duda que tiene es la respuesta de su cuerpo tras el examen del Giro. Es el único de los participantes en la ronda italiana, presentes en Francia, al que no le ha pasado factura la prueba transalpina.

El conjunto Sky sigue teniendo una maravillosa oportunidad de ganar el Tour, incluso si las fuerzas de Froome no son las de anteriores ediciones. Y debería hacerlo sin la necesidad y la obligación de sacrificar, como gregario puro y duro, a Landa a favor de su jefe de filas, al que por supuesto hay que respetar. Froome es el líder, el que ha ganado tres veces en París, y mientras no se demuestre lo contrario –lo de Peyragudes no fue un drama y se puede interpretar de diferentes maneras– el ciclista mejor preparado para llegar de amarillo a los Campos Elíseos. Pero, tácticamente, ¿qué ocurrirá si el equipo británico lanza por delante a Landa, tanto en un ataque personal o colándose en una escapada? ¿Cómo responderán Fabio Aru, Romain Bardet o Rigo Urán con sus equipos?

El Tour está más interesante que en años precedentes. Froome –y es importante señalarlo– fue el más flojo entre los líderes de la prueba, una vez descolgados Contador y Quintana. De ahí las dudas ocasionadas en Peyragudes, en unos Pirineos que estaban llamados a ser el jardín personal del ciclista africano. Aru está en disposición de luchar por el Tour, pero habrá que ver la respuesta del Astana y Francia, por primera vez desde 1985, y en mi opinión personal se lo merecen, tienen la ocasión de ganar la prueba con Bardet, un ciclista maravilloso, valiente, inconformista y que sabe atacar. Por si fuera poco, Urán es el único que estando en forma puede plantar cara a Froome en la contrarreloj final de Marsella, si hay la necesidad de jugarse allí la victoria final.

¿Y Landa? Pues Landa está llamado a ser la pieza clave de la carrera. Ojalá que su equipo no se equivoque a la hora de mover ficha. Ojalá sepan que no es un peón, y, por lo menos, si no la reina, el álfil en la tabla de ajedrez el conjunto británico. Y ojalá también no tengan que frenarlo para que Froome gane el Tour, como tuvieron que hacer con el hoy tricampeón de la prueba en la victoria de Brad Wiggins en el 2012.

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