A propósito de Enric Mas

Tour de France 2019 - 13th stage

Enric Mas llegó al Tour cargado de ilusión pero sin ninguna responsabilidad. Simplemente era y es un debutante, un corredor cargado de futuro pero que debía y debe conocer la carrera. No es lo mismo, por muy buena forma que tengas, subir al Tourmalet en un entrenamiento y hasta haciendo series, que en la gran etapa de la ronda francesa, con todas las estrellas del pelotón mundial ascendiendo con el cuchillo en la boca y, además, con la presión del público, la competición y las imágenes televisivas pendientes de tí y sabiendo que gracias a la retransmisión millones de personas te están viendo.

Lejos de fallar en el infierno del Tourmalet, Enric Mas simplemente fue vencido por la montaña y por las circunstancias. Es muy difícil, casi imposible debutar en el Tour y convertirse en un genio de la carrera y hasta ganar en París, que nunca fue, ha sido y será el objetivo del ciclista mallorquín este año. Es cierto que Laurent Fignon en 1983 llegó la carrera y la ganó al igual que Eddy Merckx, en 1969, aunque el gran campeón belga se inició en el Tour después de haber conseguido la victoria en el Giro y, además, con la experiencia de haber sido antes campeón del mundo.

Recuérdese un caso parecido al de Mas. Pedro Delgado se estrenó en 1983 en la ruta del Tour y llegó a jugar con la victoria, junto a su compañero Ángel Arroyo y con Fignon como principal rival. Y pilló una pájara de aúpa, mucho peor que los casi tres minutos en referencia a Thibaut Pinot que se dejó Mas en las cuestas del Tourmalet. Cuatro años más tarde Perico llegaba segundo a París para ganar la prueba una temporada más tarde.

Posiblemente, porque sería tácticamente lo más lógico, el Deceuninck, que hasta ahora lo había mantenido entre algodones, lo tendrá que sacrificar si se produce una crisis de Julian Alaphilippe que pueda solventarse con un empujón de Mas. Pero si está arriba, si consigue sobreponerse al Tourmalet y llegar en cabeza de carrera, junto al líder de la prueba y de su equipo, difícilmente perderá una posición de honor en la general y hasta la posibilidad de seguir luchando por el jersey blanco, el que identifica al mejor joven menor de 25 años, con el corredor colombiano Egan Bernal.

El futuro de Mas es maravillosamente inmenso y, salvo sorpresa monumental y nunca deseada, el ciclismo español dependerá de él en las grandes vueltas a partir de ahora. No en vano fue segundo hace un año en la Vuelta y ahora ya ha empezado a conocer el Tour.

En el mes de febrero, el conjunto Movistar dejó apalabrado un acuerdo con Mas, que todavía, porque así lo exige el reglamento de la Unión Ciclista Internacional (UCI), está pendiente de firma. Si el principal conjunto español se ha fijado en él para convertirlo en el líder de la escuadra por algo será. El plan del Movistar en favor de Mas se basa en la salida el año que viene de Nairo Quintana y de Mikel Landa para que mallorquín y Alejandro Valverde compartan responsabilidades y dejar ya en el 2022, con el ciclista murciano retirado, toda la responsabilidad del equipo a un corredor que nunca falló en el Tourmalet, quizá flojeó, pero seguro que aprendió pensando en el mañana.

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