Perdones y muertos en el armario

Superman reducido

Todos tienen muertos en los armarios. Todos, sin excepción. Como escribió Blas de Otero: “aquí no se salva ni Dios, lo asesinaron”. Aquí solo se enfadan los que se caen, porque no hay ciclista profesional, por desgracia para ellos, que alguna vez no haya dado con sus huesos en el suelo. Y la caída llega en el momento más imprevisible. Y, como en todas partes, hay unos que son más locos, más inconscientes que otros. Los hay que desean que llueva, que la carretera esté mojada y el descenso lo más peligroso posible para liarla, para organizar encerronas y para poner las carreras patas arriba.

Pero hay cosas que es mejor no hacer, porque luego ocurre lo que ocurre. Y no vale con pedir perdón por no morderse la lengua en el momento adecuado o, incomprensiblemente, por buscar una excusa a lo que todo el mundo ha visto. Ni unos son tan malos, ni otros tan inocentes. Cuando el afectado es más mediático que el pobre o desconocido ciclista que ha quedado molido por el contacto con el asfalto pasa lo que pasa. ¿Estuvo mal lo que hizo Movistar? Posiblemente no fue la mejor imagen en una época en la que se enarbola la bandera del ‘fair play’ en el deporte, y por esta razón el patrocinador, el viernes por la noche, pidió que se distribuyese por las redes sociales un pequeño comunicado en el que se pedía disculpas por la ofensiva del Movistar cuando se habían caído el primero de la general (Roglic) y el cuarto (Superman).

Y fue Superman el que llegó a la meta de Toledo en cólera porque sus compañeros de equipo le habían estado calentando la cabeza, en un pelotón que no hacía otra cosa que recriminar a los corredores del Movistar, durante los últimos kilómetros de la etapa de Toledo, por el lío que se organizó. Por esta razón, sin morderse la lengua, lanzó acusaciones contra Valverde y la escuadra telefónica de las que se arrepintió ya de noche, en la tranquilidad del hotel y más calmado.

Superman, como el Movistar, como el Jumbo, como todos, tienen muertos en los armarios. ¿Acaso no recuerda Miguel Ángel López su ataque en la última etapa de la Vuelta a Colombia de este año justo en el instante en el que habían caído Quintana y Sosa? ¿Fue su mejor reacción, como magnífica imagen del ciclismo y de Astana, su patrocinador, liarse a mamporros contra un espectador que lo había tumbado en la última subida del Giro? Por mucha razón que tuviera, la perdió toda cuando empleó la violencia y suerte tuvo, porque había razones, de que no lo echaran de carrera.

¿Acaso no ha estado en esta Vuelta Tony Martin, que abandonó el viernes en la dichosa caída, forzando al máximo la situación en muchas bajadas y poniendo al pelotón en situación extrema? Recuérdese que camino de Ares del Maestrat el corredor alemán, por un error de maniobra, provocó la caída que envió a casa o al hospital a Rigo Urán, Nicolas Roche y Víctor de la Parte, tres ciclistas con el dorsal acabado en uno; es decir, jefes de fila, y que se habían propuesto luchar por un puesto de honor en la general. ¿Se detuvo aquel día el pelotón a la espera de saber si se reintegraban al grupo o dejaban la carrera?

La historia, además, recuerda muchos casos que luego han tenido una trascendencia bárbara en el resultado de carreras como el Tour. En el año 1999 medio pelotón se fue al suelo, o al mar, cuando se produjo una caída masiva atravesando el famoso Pasaje del Gois, un enclave maravilloso que alguna vez en la vida hay que visitar. ¿Hubo coches que ayudaron a conectar a los ciclistas accidentados? No solo eso, si no que ese día corredores como Alex Zülle, luego segundo en París, perdieron las opciones de ganar ante Lance Armstrong, que logró la primera de las siete victorias en su viaje a ninguna parte.

El Movistar, que evidentemente podía haberse ahorrado todo este debate, tiene en el historial numerosas situaciones en las que han salido desfavorecido con sus líderes tumbados o cortados por caídas; entre ellos y principalmente, Valverde, lo que quita toda razón a la crítica de Superman por mucho perdón que pidiera después.

La Unión Ciclista Internacional (UCI) tiene muy complicado establecer un reglamento para determinar cuándo se debe parar a un pelotón o no, cuándo se deben autorizar o no la circulación de los coches de equipo entre grupos después de accidentes. Es imposible y seguramente siempre habría polémica, sobre todo por parte de los caídos.