Mikel Landa, el escalador del pueblo

Landa foto

En Murgia está la paz y en Vitoria el ajetreo, las áreas comerciales y los cines. En Murgia está la cuadrilla, un pueblo alavés de poco más de 1.200 habitantes donde todos se conocen y todos saben quién es el vecino más ilustre, nada menos que Mikel Landa.

“Es tranquilo y educado y ama a su cuadrilla, nunca se iría lejos de Vitoria. Es un chico de pueblo”. Así lo describen sus amigos. Ellos creen que Landa jamás aceptaría ‘petrodólares’ acompañados de paraísos fiscales pues la decisión le obligaría vivir en el extranjero, lejos de Álava, de Murgia y sobre todo de Vitoria, a 20 kilómetros de su pueblo con carreteras extraordinarias para entrenar; por ejemplo, hacia el Santuario del Oro, al lado de Bitoriano, donde Landa se ha comprado una casa hace unos meses. Y por allí ha sido, desde que fichó por el Sky –antes estuvo en el Astana y mucho antes en el Euskaltel—por donde ha practicado ese arte de la contrarreloj, necesario si se quiere aspirar a ganar una carrera de tres semanas, que tenía un poco abandonado y que casi le da –maldita sea, por solo un segundo—el podio de París.

Él es el chico del pueblo, el que de pequeño consideró al ciclismo como una asignatura extraescolar y como le gustaba y amaba tanto la bici se apuntó al club Zuyano, considerado el mejor de Álava. Los abuelos le habían hablado de otro alavés ilustre, Paco Galdos, el que peleaba con Eddy Merckx por ganar el Giro y el que abrió un restaurante italiano en Vitoria tras retirarse del ciclismo. Quizá, por seguir los pasos de Galdos, Landa se ha enamorado tanto del Giro, carrera que adora mucho más que el Tour y que la Vuelta, la que, al igual que ahora ha hecho con Chris Froome en la ronda francesa, le entregó en bandeja a Fabio Aru, en el 2015, al trabajar por el corredor sardo en cuerpo y alma en la trascendental etapa por la sierra de Madrid y Segovia donde se hundió Tom Dumoulin.

A Aru también lo colocó en el podio de Milán, en el Giro del 2015, ganado por Alberto Contador y donde Landa fue tercero, aunque se quedó con la sensación de que quién podía haber llegado de rosa a la capital lombarda era él y no Contador si su director, Giuseppe Martinelli, no lo para en la penúltima etapa cuando iba lanzado hacia el triunfo para que esperara a Aru. “Alberto tenía controlada la situación por detrás con Aru vigilado, pero no cabe duda de que nos benefició que el Astana ordenase a Landa levantar el pie”, afirman en el entorno de corredor madrileño.

Y porque, al igual que Contador muchas veces, Landa ha estado en el equipo equivocado, antes Astana y ahora Sky, aceptando libremente el papel de segundo de a bordo y por lo tanto de gregario. Aru tiene al menos dos podios en su palmarés (Giro, segundo, y Vuelta, primero) y Froome un cuarto Tour que al igual no gana con Landa de enemigo en vez de compañero.

En el 2013 estuvo a falta de una firma para ser corredor del Movistar. Su padre y Eusebio Unzué no acabaron de entenderse. Y si otros ciclistas montan fundaciones o promocionan equipos de promesas, Landa tiene una página web, de información pura de ciclismo, que se llama Zikloland, que lleva Unai Iraragorri, un amigo suyo periodista, y donde se cuenta la actualidad de este deporte. Y por su puesto se anotan sus gestas.

En el Tour ha afirmado que no volverá a ser segundo nunca más, aunque ahora el Movistar tendrá el bendito problema –ya lo querrían tener otros equipos—de administrar a sus tres líderes. Alejandro Valverde, porque él es así, jamás pondrá problemas. Con Nairo Quintana Unzué deberá tener más mano izquierda. Pero, sin duda, el Movistar necesita en sus filas, a pesar de la inexistente vejez de Valverde, y a la espera de cómo se recupera de la grave caída de Düsseldorf, al mejor corredor español del momento, mientras madure, como el buen vino, el joven Marc Soler, que en menos de un mes debuta como atractivo del conjunto de Telefónica en la Vuelta.

Temas