Lluvia de penes en el Tour

Penes

No todo lo que sucede en el Tour es real. O casi. Las imágenes televisivas que llegan desde la ruta de la prueba ciclista son, en realidad, un falso directo. Han pasado, por lo menos, cinco segundos desde que el ganador de la etapa ha levantado los brazos y cuando se ve un ataque en los Alpes ya hace unos instantes que han reaccionado por detrás. Ese tiempo es el que necesita un hábil realizador, y el de la televisión francesa sin duda lo es, para cambiar de cámara no sea que se capte una imagen no deseada de la ronda francesa.

Sucede, por ejemplo, en los momentos de calma en el pelotón cuando ya hace un rato que han salido los ciclistas. La televisión francesa retransmite la etapa de inicio a fin y no hay detalle que pase desapercibido. Pero, cuando los corredores ya llevan una hora de competición, es el instante para liberar líquidos que incomodan el cuerpo. Y, claro está, no es una imagen buena la de un ciclista orinando. Y más si se la toma se realiza de frente, sin nada que esconder. Es entonces cuando el realizador, rápido y atento, cambia a una instantánea del pelotón tomada desde el helicóptero.

Pero no son los precisamente los glandes de los ciclistas los que este año preocupan a los organizadores del Tour. Hay un ‘artista’ que ha decidido pintar la carretera de penes en algunas etapas de la prueba. Hay varios periodistas, hasta ahora sin éxito, tratando de localizar al singular pintor. Tampoco parece que las autoridades hayan dado con él. Pero, no hay que preocuparse, los penes tintados en la ruta del Tour no se han visto por la tele porque antes de que entre el falso directo de los cinco segundos, mucho antes, ya han sido borrados del asfalto.

El Tour tiene un equipo de operarios que repasa cada día la carretera por donde transitarán horas más tarde los corredores. Su misión, ante todo, es velar por la seguridad. Por ejemplo, para disolver una mancha de aceite producida poco antes de cerrarse la carretera, o retirar la gravilla que pueda haber en una curva, o marcar algunos obstáculos que puedan causar una caída. Por ejemplo, si hay un bordillo peligroso se pinta en rosa para que los corredores puedan apreciarlo sin demasiados problemas.

Sin embargo, la misión de los operarios también se encamina a evitar que la etapa provoque una mala imagen del país. Y es allí donde entran los penes y también pintadas políticas, por ejemplo, contra el presidente Emmanuel Macron en plena resaca tras las protestas invernales de los chalecos amarillos. Ocurre igual con protestas sociales o, hace unos años, cuando aparecían pintadas en los Pirineos a favor de los presos vascos.

Si el asunto se pone complicado hay un equipo de la Gendarmería de intervención rápida para evitar, por ejemplo, una manifestación que corte la prueba. Como Francia es un país civilizado siempre se trata de convencer a los líderes de la protesta para que se disuelvan o se mantengan al borde de la carretera antes de que intervenga la policía. En la Vuelta, también, hay una unidad de la Guardia Civil que controla este tipo de situaciones. Las viejas hemerotecas guardan las fotografías en blanco y negro de Bernard Hinault liándose a mamporros contra unos ganaderos enfadados.

Y este año los operarios luchan con ingenio contra la lluvia de penes que han aparecido en la ruta y que ni siquiera los ciclistas han podido ver. Los cubren con ingenio, con dibujos que los pueden convertir en cualquier otra cosa menos en un miembro sexual masculino de considerable tamaño. Un equipo de la televisión holandesa que cubre el Tour como si la vida les fuese en ello captó a los empleados de la carrera desdibujando un pene y, en una época en que las redes sociales hablan por sí solas, el vídeo dio la vuelta al mundo y se hizo más famoso que las propias imágenes de los ciclistas compitiendo entre ellos. Y es que el el ‘maillot’ amarillo se gana con las piernas y no con otras partes del cuerpo.

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