La bici de Miguel Ángel Revilla

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La bicicleta de Miguel Ángel Revilla, explica el presidente de Cantabria, era la de un niño que con 10 u 11 años la veía como un sueño. “Debía ser hacia 1954″. Recuerda, incluso, hasta la marca que le gustaba por aquel entonces, mientras estudiaba. Hablar con él, aprovechando el paso de la Vuelta por sus territorios, no es tarea fácil. Y no porque ponga dificultades (“hablará de deporte, sin problema, pero no de política”, advierten los responsables de su protocolo) sino porque su presencia en la carrera es un constante goteo de fotografías con sus paisanos. Él se siente tan o más protagonista que los corredores. Es también el que coge el móvil porque suena y sin dar opción de respuesta dice antes de colgar: “estoy en Los Machucos y no puedo atender”. Sorprende que lleve un teléfono de los antiguos, de los que llevaba todo el mundo antes de que los móviles se hicieran inteligentes y sirvieran para que su dueño estuviera permanentemente en contacto, a veces de forma excesiva, con los secretos del mundo.

A Revilla le gusta hablar de ciclismo y prueba de ello es que enumera a las figuras cántabras desde tiempos pretéritos. Muestra su admiración hacia Gonzalo Aja del que dice le faltó suerte para destacar en el Tour y en el Giro. Se sabe de carretilla los títulos internacionales y nacionales que consiguió Iván Gutiérrez con el que se fotografía en compañía de “el gran campeón del Tour de Francia Óscar Pereiro“, según la admirable descripción del presidente cántabro, y de Hilario, un pastor que lleva 40 años viviendo feliz entre vacas y prados.

Pero cita también a Pepe Pérez Francés y recuerda la histórica victoria del ciclista cántabro, desde hace décadas instalado en Barcelona, en la etapa del Tour de 1965 que llegó a la capital catalana. “Que fue podio del Tour”, añade como dato histórico. Nombra también a Toño González Linares, militante de su partido y, por supuesto, amigo. “Le ganó una contrarreloj a Merckx en el Tour y eso muy pocos lo hicieron en la época de gloria del corredor belga”. No miente, ni mucho menos, Revilla; González Linares fue un corredor enorme en la década de los 70.

“Cuando era joven me iba en autostop a Eibar para ver en directo la subida a Arrate. Los ciclistas son unos héroes. Ni Messi, ni Cristiano Ronaldo, ellos son los que saben sufrir… hasta el último del Tour, deportistas que se hacen 30.000 kilómetros al año. Y coges del 20 para abajo de la general de la Vuelta y ganan menos dinero que cualquier futbolista de Segunda División”.

Cita a Loroño, a Bahamontes, que lo introdujeron en su devoción hacia ese deporte, y no olvida a Óscar Freire, tres veces campeón del mundo, títulos que, en su opinión, habría ampliado con algo más de suerte. “Cantabria tuvo a grandes figuras de este deporte”. Hoy Madrazo pasea el jersey de topos como líder de la montaña, aunque pistas que Revilla ha querido asfaltar, como Los Machucos, adonde llegó la Vuelta el viernes, son excesivamente duras para él. Revilla ya se va, lentamente, y sin parar de hacerse fotos. Es la estrella por unas horas en la Vuelta.