Froome o cuando se pierde el respeto a un deportista

Froome cortada

¿Quién tiro la primera piedra? ¿Quién o quiénes ha sido los culpables? Las muestras de antipatía dirigidas hacia Chris Froome, con los daños colaterales que también ha recibido Geraint Thomas, nunca jamás se habían visto en el Tour. O al menos que se recuerde. Incluso, si se utiliza la hemeroteca, se verá que el público francés tampoco acogió con los brazos abiertos a Eddy Merckx, hasta el punto de que se hartó del gran campeón belga y sobre todo de su dominio. A excepción de Luis Ocaña, que se cayó cuando había comenzado a noquear a ‘El Caníbal’, todos los contemporáneos, incluido el ídolo francés de aquellos tiempos, Raymond ‘Pou-Pou’ Pulidor, sucumbieron ante el poderío del belga.

El mal ambiente hacia Merckx fue de mal en peor y el corredor belga acabó recibiendo en 1975 un puñetazo directo al hígado, clave luego para caer ante Bernard Thévenet. Merckx nunca fue muy simpático, tampoco lo es ahora, pero nadie puede negar que ha sido el más grande campeón que ha dado este deporte. Con Miguel Induráin, la verdad, es que Francia jamás lo abucheó, ni lo insultó. Se le respetó hasta un grado máximo, aunque siempre le criticaron por no ganar siendo jersey amarillo en la montaña y ejercer su dominio ‘tan solo’ en las contrarrelojes. El debate podría ocupar horas. Pero Miguel nunca se encontró con una afición contraria a él como si la ruta del Tour se hubiera convertido en el gallinero de un estadio con los hinchas rivales más radicales tratándolo de morder.

Hasta Lance Armstrong habría salido airoso; a años luz del ambiente hostil con el que Froome se ha encontrado en este Tour. Nunca fue un ser querido en Francia. Se le censuraba su arrogancia, la que seguramente luego fue clave para hundirlo en la miseria y quedar como el falso campeón borrado no solo de la historia del Tour, sino del ciclismo. Quizá, seguro, Armstrong no fue ni el máximo tramposo en una época oscura del pelotón ni hizo muchas más fechorías que alguno de sus rivales que, como se dice en Madrid, salieron de rositas.

Froome comenzó siendo abucheado en la presentación de equipos, el jueves antes de comenzar la fiesta del Tour. Ha visto decenas de pancartas, muchas ofensivas, hacia su persona. Se le ha tachado de dopado y suerte ha tenido que no ha subido este año muchas veces al podio, aunque era su compañero, luego vencedor de la carrera, Thomas quien recibía de rebote los desprecios dirigidos hacia él.

Puede resultar comprensivo que el público se canse de un dominio que bloquea la carrera y hasta convierte al Tour, muchas veces, en la menos atractiva de las tres grandes vueltas por etapas. Pero el Sky, guste o no, tiene el derecho deportivo a plantear la estrategia que le salga de las ruedas. Otra cosa sería si la federación internacional (UCI) pusiera un límite salarial o presupuestario a los equipos, con lo que se limitaría el poder de muchas escuadras.

El Sky, transformados en las figuras de Froome y Thomas, bloquea y domina el Tour a sus anchas. Pero, ¿no es cierto también que el Movistar, por poner un ejemplo, no deja ni respirar a los equipos menores en las pruebas de segundo orden que se disputan en España y que siempre ganan ellos? A nadie, en cambio, se le ocurriría insultar a los ciclistas de Telefónica en las carreras españolas. Es más, el público que acude va con la ilusión de ver ganar estas carreras a un ciclista del Movistar. Y si es Alejandro Valverde o Mikel Landa, mucho mejor.

Froome merece un respeto y los espectadores que lo han abucheado una tarjeta amarilla, roja a todos los efectos para el aficionado descontrolado que lo golpeó en Alpe d’Huez. Pero el Tour nunca debió precipitarse a declararlo persona non grata y a afirmar que no le dejarían tomar parte en la carrera solo 24 horas antes de que la UCI decidiera perdonarlo del delito de dopaje.

Hay muchas dudas. Los especialistas no se han puesto de acuerdo y hasta algunos informadores han querido jugar a científicos en el caso de Froome. Pero la precipitación del Tour solo sirvió para echar más leña al fuego. Y ello no ha beneficiado a la carrera. Y más en una edición que, por diferentes razones (cada vez que Francia destaca o gana un campeonato de fútbol internacional pasa igual) no ha provocado récords de espectadores al borde de la carretera.

*(nota del autor: este blog regresará con la Vuelta Ciclista a España, a partir del viernes, 24 de agosto)

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