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	<title>El Tourmalet</title>
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		<title>El Tour nunca es aburrido</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Jul 2012 18:30:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergi Lopez-Egea Montoliu</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué pasa cuando se termina el Tour? Pues algo tan sencillo como que ya se empiezan a marcar en rojo los días que faltan para que el mes de julio del 2013 sea una realidad. ¿Es aburrido el Tour? Es imposible. Es falso. Es una barbaridad decir, por ejemplo, que <strong>Bradley Wiggins</strong> ha vencido con el bostezo como compañero de viaje. Lo dijo el jersey amarillo el sábado cuando alguien le preguntó si los Tours de<strong> Induráin</strong> aburrían. La gente se volcaba ante el televisor, se aplazaban reuniones, el “no molesten” colgaba de la puerta de muchos despachos, y los que tenían la fortuna de poder viajar se dirigían hacia algún monte en los Pirineos para ver pasar al navarro apenas unos segundos. ¿Aburrían entonces las contrarrelojes? Muchos aficionados hasta se ponían con un papel y un bolígrafo para anotar los segundos o minutos que caían en los pasos intermedios. Las <em>cronos</em>, entonces, eran una gozada. Y desde luego que no aburrían. </p>
<p>Esta tarde en los Campos Elíseos uno se perdía si empezaba a contar las banderas británicas que exhibían los seguidores. Había británicos, mayoritariamente ingleses, por todas partes. Parecía que salían de debajo de las piedras. Quien diga también que el ciclismo era un deporte que no interesaba en el Reino Unido no sabe lo que dice. Está bien claro que les faltaba un ídolo como <strong>Wiggins</strong>, que ya ha ganado el Tour, o como <strong>Chris Froome</strong>, que lo puede ganar. Pero, en el 2007, la ronda francesa salió de Londres y todavía hoy se ha de crear la ciudad que aporte tantos y tantos aficionados a la calle para animar a los corredores del Tour. Más de dos millones de personas se citaron en el recorrido de la contrarreloj, mayoritariamente en Hyde Park. A las 6 de la mañana ya resultaba prácticamente imposible encontrar una posición en la primera línea, junto a las vallas. Hubo un ambiente impresionante. Nunca se había visto, ni antes ni después, tanta gente al paso de la <em>grande boucle</em>. Recuerdo, también, que en 1994 la prueba cruzó el Canal de la Mancha por el recientemente estrenado Eurotúnel. Se celebraron dos etapas en Inglaterra, que finalizaron en las ciudades de Brigthon y Portsmouth. En esa edición de la carrera, que <strong>Induráin</strong> ganó y que un chaval de 14 años llamado <strong>Brad Wiggins</strong> seguió emocionado por televisión, también resultó difícil encontrar un hueco en una carretera o calle inglesa. </p>
<p>El Tour, si gusta el ciclismo, nunca aburre. Llevamos años ya con ataques lejanos imposibles. Este deporte se ha vuelto más humano, mucho más, sobre todo desde que la mayoría (siempre habrá algún inconsciente) se ha dado cuenta de que no pueden ser unos seres artificiales movidos al son de los avances científicos, mayoritariamente prohibidos, sino deportistas que sufren, que calculan, que se lo piensan dos veces a la hora de atacar. ¿El espectáculo lo nota? Pues, evidentemente, al igual que en otros deportes, ¿cuántos años hacen que no se pulverizan récords en otras disciplinas deportivas? Y, por todas estas razones, cuando se abandonan los Campos Elíseos ya se piensa que quedan menos</p>
<div id="attachment_443" class="wp-caption alignnone" style="width: 630px"><a href="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/Huy-20120722-00307.jpg" class="liimagelink"><img class="size-large wp-image-443" title="Campos Elíseos" src="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/Huy-20120722-00307-1024x768.jpg" alt="El alemán Christian Knees, compañero de Wiggins, por los Campos Elíseos de París." width="620" height="465" /></a><p class="wp-caption-text">El alemán Christian Knees, compañero de Wiggins, por los Campos Elíseos de París.</p></div>
<p>horas, días, meses, casi un año, para que empiece el espectáculo. Porque ya se sabe, el Tour se espera todo un año y luego pasa rápido.</p>
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		<title>Por qué me gusta más Froome que Wiggins</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jul 2012 13:34:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergi Lopez-Egea Montoliu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No quiero restar ni un mérito a quien ha paseado el jersey amarillo por las rutas del Tour y que como posición más baja de la general ha ocupado la segunda plaza. Pero he de admitir que a mí como corredor me agrada mucho más Chris Froome. Sé que esta reflexión posiblemente genere debate entre los defensores de Bradley Wiggins y los que opinan que se está tratando injustamente a un corredor que ha sabido controlar y regularse como ninguno otro con la intención de...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_435" class="wp-caption alignnone" style="width: 630px"><a href="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/IMG-20120720-00270.jpg" class="liimagelink"><img class="size-large wp-image-435" title="Chris Froome" src="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/IMG-20120720-00270-768x1024.jpg" alt="Froome ejercita con el 'rodillo' tras terminar la 18ª etapa del Tour." width="620" height="826" /></a><p class="wp-caption-text">Froome ejercita con el &#8216;rodillo&#8217; tras terminar la 18ª etapa del Tour.</p></div>
<p>No quiero restar ni un mérito a quien ha paseado el jersey amarillo por las rutas del Tour y que como posición más baja de la general ha ocupado la segunda plaza. Pero he de admitir que a mí como corredor me agrada mucho más <strong>Chris Froome</strong>. Sé que esta reflexión posiblemente genere debate entre los defensores de <strong>Bradley Wiggins</strong> y los que opinan que se está tratando injustamente a un corredor que ha sabido controlar y regularse como ninguno otro con la intención de conquistar París de amarillo. </p>
<p>Los argumentos a favor de <strong>Wiggins</strong> presentan a un ciclista calculador, tremendamente eficaz en la contrarreloj, que sabe regularse en la montaña y que, posiblemente como ningún otro campeón del Tour, se ha apoyado en la estructura de su equipo, el Sky, para redondear el trabajo. Sin embargo, a diferencia, por ejemplo de <strong>Lance Armstrong</strong>, o incluso, de <strong>Miguel Induráin</strong>, en la montaña ha renunciado a cualquier ofensiva para apoyarse, sobre todo, en el trabajo de un corredor, <strong>Froome</strong>. <strong>Wiggins</strong> ha tenido la fortuna en este Tour de no encontrarse de frente con un escalador letal, de los que arrancan en seco y son capaces de destrozar la carrera en unos pocos kilómetros de ascensión. <strong>Vincenzo Nibali</strong> lo ha intentado, pero el italiano pasa más por ser un ciclista mucho más eficaz y peligroso en los descensos que en los ascensos. El escalador más mordaz con el que podía coincidir <strong>Wiggins</strong> lo tenía en su propio equipo y en vez de atacarlo se ha pasado todo el Tour protegiéndolo acorde con la fidelidad y las órdenes del conjunto Sky. </p>
<p>Posiblemente <strong>Froome</strong> no estuvo muy correcto en los gestos hacia <strong>Wiggins</strong> en la ascensión a Peyragudes. No era necesario gesticular e indicarle al jersey amarillo que no perdiera su rueda. Pero tanto en los Pirineos como enLa Toussuire, <strong>Froome</strong> puso de manifiesto que si hubiera querido se habría marchado para restar un tiempo a <strong>Wiggins</strong> que le habría sido muy complicado contrarrestar en la contrarreloj. </p>
<p><strong>Froome</strong> pasará a la historia por haber sido el primer ciclista que, pudiendo ganar el Tour, ha renunciado a la épica en favor de un compañero, mucho más allá de lo que hizo <strong>Greg Lemond</strong> con <strong>Bernard Hinault</strong> en1985. Asus 27 años ha demostrado que puede aspirar al Tour, aunque con la renuncia de este año quién sabe si <strong>Froome</strong> no habrá dejado escapar el tren de su vida. El año próximo se puede encontrar con obstáculos complicados de superar. En la primera etapa perdió la mayor parte de la renta que le ha sacado <strong>Wiggins</strong> al quedarse cortado por una de las numerosas caídas. <strong>Froome</strong>, ni nadie, está liberado de no caerse en la primera semana, tampoco sabe cómo estará de forma dentro de 12 meses ni como responderá a las figuras ausentes en esta edición y tremendamente hábiles en la montaña, <strong>Alberto Contador</strong> y <strong>Andy Schleck</strong>. </p>
<p>El conjunto Sky tiene atados el año que viene a sus dos figuras, a <strong>Wiggins,</strong> que ahora ya piensa en los Juegos de Londres como último reto de la temporada, y a <strong>Froome</strong>, decidido a afrontarla Vuelta, en la que quedó segundo, por segundo año consecutivo. <strong>Froome</strong>, si se ve capacitado para ganar el Tour, no puede sacrificarse eternamente por <strong>Wiggins</strong>. Ni es bueno para él ni para el ciclismo. La oportunidad se deja pasar un año y no dos. En este Tour nos hemos quedado con las ganas de poder ver al mejor <strong>Froome</strong> en la montaña por haber subido siempre con el freno puesto. Posiblemente, en el 2013, con más oponentes en la montaña y en una ronda francesa que se presume mucho más activa en las cimas que esta, al Sky no le quedará otro remedio que quitar los frenos a la bici de <strong>Froome</strong> en los ascensos del Tour.</p>
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		<title>El diseño del Tour 2012</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Jul 2012 13:37:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergi Lopez-Egea Montoliu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La etapa ganada por Alejandro Valverde en Peyragudes sirve de claro ejemplo para evidenciar que no es necesario diseñar, en el ciclismo contemporáneo, jornadas supermaratonianas de más de200 kilómetrospara que la emoción, la intensidad, los ataques y la belleza aparezcan en un mismo día. Solo fueron143 kilómetrosy pasaron las mismas cosas que el día anterior, con los cinco monumentos pirenaicos y222 kilómetrosde sufrimiento por el camino pirenaico. Cuando se encadenan puertos detrás de puertos, los corredores desaprovechan los primeros. Se dirá, cierto, que son ascensiones...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La etapa ganada por <strong>Alejandro Valverde</strong> en Peyragudes sirve de claro ejemplo para evidenciar que no es necesario diseñar, en el ciclismo contemporáneo, jornadas supermaratonianas de más de200 kilómetrospara que la emoción, la intensidad, los ataques y la belleza aparezcan en un mismo día. Solo fueron143 kilómetrosy pasaron las mismas cosas que el día anterior, con los cinco monumentos pirenaicos y222 kilómetrosde sufrimiento por el camino pirenaico.</p>
<p>Cuando se encadenan puertos detrás de puertos, los corredores desaprovechan los primeros. Se dirá, cierto, que son ascensiones de desgaste, que lo son, pero, al final, no sirven para que el público disfrute viendo las más bellas imágenes que espera del pelotón al paso de un puerto mítico como el Tourmalet. ¿Es que alguien se divirtió siguiendo la escalada a la cima más famosa de la esfera ciclista? El Tour llegó al Tourmalet con la escapada formada y con el pelotón principal liderado por los compañeros de<strong> Bradley Wiggins</strong>. Y así transcurrió toda la ascensión. No hubo ni un solo ataque. </p>
<p>En cambio, el jueves, menos puertos, en cada uno de ellos pasó y hubo algún detalle para tener en cuenta, tanto delante como detrás. En Menté, por ejemplo, al margen de formarse la fuga de <strong>Valverde</strong>, <strong>Nibali</strong> atacó en el descenso, aunque luego, por cuestiones tácticas, se dejó capturar. En Balès fue donde actuó el corredor murciano para comenzar a adjudicarse la etapa mientras por detrás el ritmo del Liquigas trató sin éxito neutralizar a los fugados, en busca de una ofensiva final de <strong>Nibali</strong> que nunca llegó. Y en Peyragudes se desató la ofensiva propia y común de la última subida: <strong>Valverde</strong> buscó resistir por delante, y lo consiguió, mientras por detrás<strong> Froome</strong> y <strong>Wiggins</strong> descolgaron a <strong>Nibali</strong>, aunque la verdad es que si <strong>Froome</strong> hubiese querido también habría borrado al jersey amarillo. </p>
<p>En el ciclismo contemporáneo, entre los favoritos, es muy difícil que se ataquen más allá del último puerto. Hay miedo al fracaso, temor a cómo se recuperarán al día siguiente y las estructuras de los equipos, con gregarios que son capaces de conducir al grupo de favoritos a un ritmo que impide movimientos adversos, complica todavía más la situación. </p>
<p>Ocurre igual  cuando una etapa de montaña, que se prevé magnífica y hasta destacada como jornada reina, tal cual fue la del pasado miércoles a través del Aubisque, Tourmalet, Aspin y Peyresourde, se desaprovecha bastante si el organizador decide instalar la meta tras la última bajada, como así fue. Ciertamente, y a falta de los últimos kilómetros hacia París, el diseño de esta edición de la ronda francesa no me ha gustado. En la primera semana se abusó de las etapas llanas, más que otros años, cuando una contrarreloj por equipos rompe la dinámica. Tanta etapa llana solo conduce a provocar caídas que luego tienen una lectura muy negativa para la carrera: abandonos de corredores con intención de pelear por la general como <strong>Ryder Hesjedal</strong>o heridas que dejan muy tocados a ciclistas que también llegaron a este Tour para luchar por la clasificación, caso de</p>
<div id="attachment_425" class="wp-caption alignnone" style="width: 630px"><a href="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/IMG-20120628-00009.jpg" class="liimagelink"><img class="size-large wp-image-425" title="Alejandro Valverde" src="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/IMG-20120628-00009-1024x768.jpg" alt="Alejandro Valverde, antes de salir a entrenar, en este Tour." width="620" height="465" /></a><p class="wp-caption-text">Alejandro Valverde, antes de salir a entrenar, en este Tour.</p></div>
<p>. En los Alpes solo hubo una jornada seria y de las cuatro etapas pirenaicas, con dos triunfos españoles, tampoco habría pasado nada por programar una llegada en alto más.</p>
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		<title>La historia de la camiseta de Induráin</title>
		<link>http://tourmalet.elperiodico.com/la-historia-de-la-camiseta-de-indurain/</link>
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		<pubDate>Thu, 19 Jul 2012 12:47:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergi Lopez-Egea Montoliu</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_407" class="wp-caption alignnone" style="width: 630px"><a href="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/IMG-20120719-00234.jpg" class="liimagelink"><img class="size-large wp-image-407" title="Camiseta Induráin" src="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/IMG-20120719-00234-768x1024.jpg" alt="El periodista holandés Dirk Dijkstra con una camiseta de Induráin de 1993." width="620" height="826" /></a><p class="wp-caption-text">El periodista holandés Dirk Dijkstra con una camiseta de Induráin de 1993.</p></div>
<p>Hoy voy a contar una historia curiosa que me han explicado esta mañana en el <em>village</em>, poco antes de que diera comienzo la etapa que despide a los Pirineos con frío y con niebla. El protagonista de este relato es el periodista que aparece en la fotografía. Se llama <strong>Dirk Dijkstra</strong> y trabaja para la cadena televisiva NOS, una televisión que se vuelca con el Tour, pues aparte de retransmitirlo, todas las noches, en la ciudad donde ha llegado la carrera, buscan algún lugar identificativo donde montan un plató. La tertulia, que versa exclusivamente de ciclismo y el Tour, se ofrece en directo a Holanda, con una audiencia media superior al millón de personas.</p>
<p>De hecho, más que el periodista es su camiseta la actriz principal de esta historia, una camiseta de algodón, gastada y descolorida, pues ya ha alcanzado y de sobras la mayoría de edad. El año próximo cumplirá 20 años. Todavía afortunadamente se identifica a <strong>Miguel Induráin</strong> recibiendo el típico beso de las azafatas en el podio de la ronda francesa de 1993. <strong>Dijkstra</strong> tenía por aquel entonces 24 años y con un grupo de amigos compraron un viejo Peugeot para irse de vacaciones a España, a la caza y captura del sol. Y de las chicas, por supuesto. El vehículo, tan viejo y arrugado como está ahora la camiseta de <strong>Induráin</strong>, funcionaba como quería. “Nosotros solo preguntamos si marchaba la radio. Era lo único que iba bien”. <strong>Dijkstra</strong>, como buen holandés, estaba apasionado por el Tour. Por esta razón, cuando cruzaban Francia, en busca de la costa catalana, ya que el primer destino era Roses, convenció a sus amigos para ir a presenciar una etapa de la <em>grande boucle</em>. El destino fue Andorra, adonde llegaba la carrera, concretamente a la cima de Pal.</p>
<p>Y a Pal se fueron. Pero también, costumbre holandesa, no olvidaron antes pasar por un hipermercado francés para llevar el maletero repleto de cervezas, imprescindibles para que la noche en la cima andorrana fuera lo más plácida posible. Y allí se plantaron. Ellos llevaban la cerveza rodeados de miles de seguidores españoles, llegados de todas partes pero con un único grito en sus gargantes y un solo nombre en sus corazones: <strong>Induráin</strong>. Fue la etapa que el colombiano <strong>Oliverio Rincón</strong> se hizo prácticamente en solitario. Así coronó todos los puertos y así llegó a Pal, 1.50 minutos antes de que lo hiciera el grupo de favoritos con<strong> Tony Rominger</strong>, <strong>Bjarne Riis</strong>, <strong>Zenon Jaskula</strong>, <strong>Induráin</strong> y otro colombiano, <strong>Álvaro Mejía</strong>. La noche anterior el grupo de seguidores navarros, todos ellos con la misma camiseta blanca conmemorativa y dedicada al entonces todavía bicampeón de París, tuvieron un error en sus previsiones. No habían comprado suficiente cerveza y a los holandeses les sobraba. ¿Cómo negociar? Fácil. Yo te doy una camiseta de Induráin y tú, a cambio, me entregas una botella de cerveza. Así se ganó Dirk la camiseta que esta mañana ha exhibido por la salida la 17ª etapa como hace todos los años y como todos los años cuenta la anécdota, sin olvidar que bajando Pal el viejo Peugeot, al quedarse sin frenos, los dejó tirados. Menos mal que no se accidentaron.</p>
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		<title>Reflexiones entorno a Frank Schleck</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jul 2012 12:19:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergi Lopez-Egea Montoliu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lo siento… pero no hay que rasgarse las vestiduras. Este deporte es así, en lo bueno y en lo malo. Y nunca cambiará, seguramente por desgracia, pero también porque la cultura del qué dirán y de los temores están instalados no solo en los organizadores de carrera, sino, sobre todo, en los mentores de este deporte, en la controvertida Unión Ciclista Internacional (UCI) y en la discutida política de su presidente, el irlandés Pat McQuaid, del que siempre hay que recordar que siendo ciclista fue...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo siento… pero no hay que rasgarse las vestiduras. Este deporte es así, en lo bueno y en lo malo. Y nunca cambiará, seguramente por desgracia, pero también porque la cultura del qué dirán y de los temores están instalados no solo en los organizadores de carrera, sino, sobre todo, en los mentores de este deporte, en la controvertida Unión Ciclista Internacional (UCI) y en la discutida política de su presidente, el irlandés <strong>Pat McQuaid</strong>, del que siempre hay que recordar que siendo ciclista fue excluido de los Juegos Olímpicos de Montreal, en 1976, por torearse la normativa internacional que prohibía competir en Sudáfrica y apuntarse a una prueba en el entonces país del <em>aparheid</em>.</p>
<p>Si nos centramos en el Tour descubrimos que ya en la segunda edición de la prueba, en 1904, cuando todavía no habían nacido ni muchos de nuestros abuelos o bisabuelos, ya se habló de dopaje, sin haber sido inventada la palabra, ya hubo descalificaciones y que el gran <strong>Albert Londres</strong>, el mejor reportero francés antes dela Segunda Guerra Mundial, escribió en su increíble relato de <em>Los esforzados de la ruta</em> como los hermanos <strong>Pélissier</strong>, algo así como los <strong>Schleck</strong> de los inicios de los años 20, corrían con todo tipo de pócimas encima, entre ellas cocaína con la que se frotaban los ojos para no quedarse dormidos en maratonianas etapas que ahora serían denunciadas por inhumanas o incluidas en el tan de moda término de carreras <em>non stop</em>.</p>
<p>El ciclismo, desde siempre, ha corrido como ha corrido y por desgracia que aparezca un positivo, pseudo positivo o supuesto positivo, o llámesele como se le llame, es tan normal como que haya un gol fantasma en una Eurocopa. Posiblemente, los más aférrimos defensores de los ciclistas, dirán que lo que sucede en este deporte no pasa en ningún otro. No les falta razón. Es inimaginable, por ejemplo, que la federación internacional de tenis se apreste a denunciar el supuesto positivo de un jugador en los cuartos de final de un Grand Slam, cuando hay razones, porque las hay, para pensar que el error de<strong> Schleck</strong> no ha sido cometido con el propósito de mejorar el rendimiento, como sucedió, por desgracia también en Pau, ciudad maldita, en el famoso control del clembuterol y el bistec o complemento energético contaminado con <strong>Alberto Contador</strong>. Aquí, en el ciclismo, hay prisa, como si se tratara de un récord atlético, por comunicar cualquier resultado analítico que pueda supuestamente alterar la carrera.</p>
<p>Este deporte, desde que se hizo competitivo, ha estado acompañado por la melodía de la pastilla. Solo hace falta hablar con los viejos guerreros, los que entusiasmaron en los años 60, por ejemplo, y contarán como ellos llevaban en el <em>maillot</em> las mismas anfetaminas que acabaron con la vida de <strong>Tom Simpson</strong> hace 45 años en el Mont Ventoux. Y como <strong>Raymond Poulidor</strong>, venerable anciano que sigue el Tour y que continúa siendo aclamado por cualquier francés mayor de 50 años, lideró la protesta, al año siguiente, de los corredores que se negaron a salir porque consideraban que no era justo que los atosigaran a controles y que era mejor olvidarse de los positivos que habían salido, que alteraban la carrera. Sí… <strong>Michel Pollentier</strong>, en 1978, fue descalificado, siendo el líder, en la cumbre de Alpe d’Huez cuando lo pillaron depositando la orina que llevaba escondida en una pera, en las axilas. Y ese día hubo más controles y curioso que quien ganó el Tour aquel año, <strong>Bernard Hinault</strong>, francés (Pollentier era belga) no los pasara. Y, posiblemente, tampoco resulta justo que todas las muestras de orina, de cualquier deportista congeladas en los laboratorios caduquen a los ocho años. ¿Todas? Todas, sí, a excepción de las de <strong>Lance Armstrong</strong>, que seguirán siendo analizadas y reanalizadas hasta que a sus nietos les crezca la barba.</p>
<p><strong>Eddy Merckx</strong> ha sido para muchos, entre los que me apunto, como el mejor deportista surgido del ciclismo, capaz de ganar desde febrero hasta octubre, capaz de todo… pero también capaz de dar hasta cuatro veces positivo durante su carrera deportiva. Difícilmente se encuentre en la historia de este deporte a un gran campeón que alguna vez no haya tenido algún problema en esta materia o que en sus memorias o entrevistas, siendo anciano, no haya explicado las triquiñuelas que hacían para aguantar y responder mejor en los Alpes o los Pirineos. <strong>Federico Bahamontes</strong> siempre recuerda el coñac con el huevo que se tomaba en los días antes de las etapas claves, pero añade que también incorporaba un jarabe que le preparaba un boticario de Toledo. ¡A ver que llevaba! Y cuando subía era el mejor, hasta el punto de pararse a tomar un helado y esperar al resto mientras se le reparaba una rueda estropeada. Escuchando todos estos relatos, no solo las gestas en las cumbres, disfrutaba nada menos que<strong> Pablo Picasso</strong> en su refugio provenzal mientras tomaba pastis con los campeones de los años 50.</p>
<p>Puede que <strong>Frank Schleck</strong> sea inocente y puede que sea culpable y hasta puede que sea un idiota por tomar un diurético que no sirve para nada. Y puede también que su hermano <strong>Andy</strong> no sepa nada o esté al corriente de todo y hasta también tiene lógica la teoría de que lo han envenenado. Hasta puede que la mejor noticia en este Tour es que solo sea el suyo el único positivo que haya salido lo que significa que el resto de los participantes, 197, van limpios… o son más listos y no los cogen.</p>
<p>El ciclismo es como es, y tal vez, tengamos que alegrarnos de que la cultura del dopaje cada vez esté menos extendida, aunque siga habiendo <em>jugadores de la farmacia</em>. Pero la UCI haría mejor tratando de actuar de otra manera. El Tour, el Giro o la Vuelta son carreras durísimas, tres semanas sobre la bici, muchos días por encima de los</p>
<div id="attachment_393" class="wp-caption alignnone" style="width: 630px"><a href="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/Pau-20120717-00223.jpg" class="liimagelink"><img class="size-large wp-image-393" title="hotel de Pau" src="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/Pau-20120717-00223-1024x768.jpg" alt="Periodistas hacen guardia ante el hotel de Schleck, en Pau." width="620" height="465" /></a><p class="wp-caption-text">Periodistas hacen guardia ante el hotel de Schleck, en Pau.</p></div>
<p>200 kilómetros, o como hoy encadenando puerto tras puerto (Aubisque, Tourmalet, Aspin y Peyresourde) con más de 30 grados sobre sus cabezas. Y el público se aglutina y hasta se cabrea si suben todos juntitos y no se atacan… exigencia, poder, dinero, espectáculo. Por eso, no hay que rasgarse las vestiduras. Si que hay que insistirles en que la cultura del dopaje ha pasado a mejor vida y que cada positivo que aparece, aunque tenga sus dudas como es el caso que ahora ocupa, es más bien un éxito que un fracaso, aunque no sea necesario comunicarlos en la nocturnidad y la alevosía de un día de descanso en una ciudad maldita en esta temática como es Pau.</p>
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		<title>Un día de descanso con Vincenzo Nibali</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jul 2012 15:17:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergi Lopez-Egea Montoliu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Gabriele trata con igual mimo al jefe Vincenzo Nibali como al último del conjunto Liquigas. El equipo es italiano y hoy pasa la noche en Tarbes, una pequeña ciudad a pocos kilómetros de Pau y muy cerca de Lourdes, tradicional punto de encuentro en el Tour, donde Miguel Induráin pernoctó (no en el mismo hotel donde se aloja la escuadra transalpina, de reciente inauguración) en varias ocasiones durante sus Tours victoriosos, como cuando demostró su maestría ante Luc Leblanc, cuando vigilaba a sus rivales, de...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Gabriele</strong> trata con igual mimo al <em>jefe</em> <strong>Vincenzo Nibali</strong> como al último del conjunto Liquigas. El equipo es italiano y hoy pasa la noche en Tarbes, una pequeña ciudad a pocos kilómetros de Pau y muy cerca de Lourdes, tradicional punto de encuentro en el Tour, donde <strong>Miguel Induráin</strong> pernoctó (no en el mismo hotel donde se aloja la escuadra transalpina, de reciente inauguración) en varias ocasiones durante sus Tours victoriosos, como cuando demostró su maestría ante <strong>Luc Leblanc</strong>, cuando vigilaba a sus rivales, de cerca, para que no se marcharan muy lejos en el supuesto de que se atrevieran a atacar. Es el mismo <strong>Induráin</strong> que hoy ha enviado un <em>pañuelico</em> rojo de San Fermín, firmado y dedicado a <strong>Bradley Wiggins</strong>, líder de la <em>grande boucle</em>, y el corredor que aspira el domingo a triunfar en los Campos Elíseos al más puro estilo del campeón navarro. ¿Aburrían los Tours de <strong>Induráin</strong>? A los seguidores españoles seguro que no y ahora los británicos se entusiasman con un deporte que descubrieron ya hace muchos años gracias a <strong>Tom Simpson</strong>.</p>
<p>Pero a <strong>Gabriele</strong> le da igual. Él va a lo suyo. Los auxiliares, en su caso masajista, la jornada de descanso en lo único que les dispensa es en la necesidad de hacer kilómetros con el coche. Pero tienen algo más de trabajo. En los camiones, que son a la vez taller mecánico, hay lavadoras. Allí se limpia a diario la ropa de competición de los ciclistas. Allí también, en armarios, perfectamente recogido en cajones, se guarda todo lo que los corredores van a utilizar en una semana de tres carreras como es el Tour: las barritas y los geles de alimentación, los centenares de botellines que los ciclistas tiran y los aficionados recogen, las bolsas donde se coloca la comida en los avituallamiento, las medicinas, en unos tiempos en que las muestran y no las esconden; todo lo que cualquier equipo deportivo lleva cuando sale a competir, para combatir un resfriado, un dolor estomacal, una diarrea, para curar las heridas… Afortunadamente, pese al susto de Mâcon con la gracia de <strong>Di Gregorio</strong>, ya parece haber pasado a mejor vida la moda de los gendarmes de registrar autobuses, camiones y coches de equipo en busca de dopaje. Hoy, lo máximo que podían haber encontrado en los vehículos auxiliares era algún clavo todavía adosado a los neumáticos (menuda faena al conjunto Movistar que no encuentra recambios en Pau para la medida del neumático del Volvo del primer coche) por los idiotas que el domingo sabotearon la etapa del Tour.</p>
<p><strong>Gabriele</strong> aprovecha la jornada de descanso para adelantar trabajo, para preparar ya la comida, los complementos vitamínicos que los ciclistas llevarán mañana en la gran etapa pirenaica, jornada reina de este Tour, que transitará por el Aubisque, Tourmalet, Aspin y Peyresourde, desde su cima se desciende a la meta de Bagnères de Luchon. Buena ocasión para preguntarle &#8220;¿qué come un corredor mientras compite?&#8221;. El ciclista, aparte de las caídas, lo que más teme es el desfallecimiento, la llamada <em>pájara</em>, cuando se ven estrellitas, cuando actúa el llamado también <em>señor del mazo</em>, el que deja <em>KO</em> al corredor, que no sabe dónde está, las piernas no funcionan, una sensación de hambre, de vacío, se va apoderando del cuerpo. Los que han comido se van, galopan y el resto queda enterrado en el mar. <strong>Gabriele</strong> muestra la bolsa que recibirá <strong>Nibali</strong>, tercero de la general, el corredor que aspira mañana a por lo menos inquietar el reinado de <strong>Wiggins</strong>. “¡Ay¡ Si fuera <strong>Pantani</strong>”. Pero solo hubo un <em><strong>Pirata</strong></em>, capaz de atacar en el Galibier, marcharse solo hacia Los 2 Alpes y noquear, sin necesidad de la<em> pájara</em>, a <strong>Jan Ullrich</strong> en el maldito Tour de 1998.</p>
<p>Por si acaso, <strong>Nibali</strong> recibirá en su bolsa unos pequeños canapés (el pan dulce es más fácil de masticar) con membrillo, queso y jamón dulce, que <strong>Gabriele</strong> preparará esta noche, después de cenar y antes de acostarse. Pero, en cambio, ya coloca en la bolsa antes de comer las dos barritas energéticas, los dos geles y el de actuación rápida, glucosa pura y dura, que sabe <strong>Nibali</strong> que solo debe tomar al final cuando apenas faltan10 kilómetros, a poco de coronar el Peyresourde, sobre todo si desea lanzarse en la bajada que lleva a Luchon. El resto se lo debe administrar cada hora u hora y media de carrera, sin abusar de los geles al principio pues el azúcar puede cargar en exceso los músculos de las piernas y provocar calambres. No significa, tampoco, que todo se lo vaya a comer, pero más vale que sobre que no que falte. A veces, hay equipos que acostumbran a comer cuando otros no suelen hacerlo –por ejemplo en las subidas-. Si lo hacen deben masticar con discreción, no sea que los adversarios los pillen. ¿Por qué? Pues, al no ser normal alimentarse subiendo, significa que quiénes lo hacen preparan una <em>encerrona</em> bajando  (los rivales no tendrán tiempo de comer al deber erradicar el ataque y entonces podrán entrar en crisis; por ejemplo, lo que hizo <strong>Óscar Pereiro</strong> en el 2006, en la Croix de Fer, ante un <strong>Floyd Landis</strong> que se <em>apajaró</em> en La Toussuire por no haber podido comer bajando).</p>
<p><strong>Gabriele</strong> ya ha cuidado el estómago de  <strong>Nibali</strong>, sin olvidar a Peter Sagan, que habla con su mánager, el exciclista <strong>Giovanni Lombardi</strong>, que vive en Madrid, y que también representa a <strong>Ivan Basso</strong>, como hizo varias temporadas con los hermanos</p>
<div id="attachment_381" class="wp-caption alignnone" style="width: 630px"><a href="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/Tarbes-20120717-00206.jpg" class="liimagelink"><img class="size-large wp-image-381" title="La comida de Nibali" src="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/Tarbes-20120717-00206-768x1024.jpg" alt="La bolsa de avituallamiento que Nibali recibirá en la etapa del Tourmalet." width="620" height="826" /></a><p class="wp-caption-text">La bolsa de avituallamiento que Nibali recibirá en la etapa del Tourmalet.</p></div>
<p>. “El chico es una perla, pero hay que cuidarlo, ni él mismo sabe hasta dónde podrá llegar en este deporte”. Solo tiene 22 años. Al margen de haber ganado ya tres etapas en este Tour y vestir con el jersey verde de la regularidad, el domingo impresionó ascendiendo el Muro de Péguère, el muro de los clavos, las tachuelas, los idiotas y las chinchetas.</p>
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		<title>¿Cuándo hay que parar y esperar a los rivales?</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jul 2012 14:39:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergi Lopez-Egea Montoliu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En el ciclismo no hay una regla establecida para determinar hasta dónde llegan los limites del llamado fair play. Igual sucede en otros deportes, por ejemplo, el fútbol. ¿Cuándo hay que lanzar el balón fuera? Hay entrenadores que prohíben a sus jugadores parar el partido cuando se lesiona un adversario, incluso muchas veces se han visto a futbolistas fingir golpes o teatralizarlos con tal de detener el ritmo del encuentro, sobre todo cuando su equipo va perdiendo. En el ciclismo, ya sea en el Tour...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el ciclismo no hay una regla establecida para determinar hasta dónde llegan los limites del llamado <em>fair play</em>. Igual sucede en otros deportes, por ejemplo, el fútbol. ¿Cuándo hay que lanzar el balón fuera? Hay entrenadores que prohíben a sus jugadores parar el partido cuando se lesiona un adversario, incluso muchas veces se han visto a futbolistas fingir golpes o teatralizarlos con tal de detener el ritmo del encuentro, sobre todo cuando su equipo va perdiendo.</p>
<p>En el ciclismo, ya sea en el Tour o en cualquier otra carrera, aunque en la ronda francesa todo adquiere mayor dimensión, no hay un reglamento que obliga a frenar cuando el rival se cae, pincha o unos gamberros, como sucedió el domingo, llenan la carretera de tachuelas que provocan pinchazos y lo que es peor, caídas. Normalmente cualquier decisión siempre es discutible. Si no se detienen los corredores son antideportistas, si atacan realizan un gesto feo hacia contrincantes que en ese momento se están reponiendo de sus heridas o sustituyendo una rueda inservible por otra más útil.</p>
<p>En este Tour se han visto situaciones que podían haber desencadenado un parón total del pelotón o ataques desenfrenados ante desgracias adversas. En la etapa de Metz se produjo una caída brutal que afectó a casi la mitad del pelotón, unos porque se fueron al suelo y otros porque quedaron cortados a causa del accidente. Alguna figura que aspiraba a destacar en la general se tuvo que retirar. Fue el caso, por ejemplo, de <strong>Ryder Hesjedal</strong>, el vencedor del Giro. Otras estrellas, <strong>Frank Schleck</strong> o<strong> Alejandro Valverde</strong> perdieron unos minutos que, aparte de las dolencias físicas, les afectaron a su rendimiento mental. ¿Podían haberse detenido delante? Pues, sí y no. Aunque yo defiendo que hicieron lo correcto. Por desgracia –otra cosa es que la organización trate de diseñar recorridos menos proclives a los accidentes colectivos—las caídas forman parte del guión del Tour y lo que no era de recibo fue lo que sucedió en la edición del 2010, cuando <strong>Fabian Cancellara</strong>, entonces en el Saxo Bank, lideró la <em>marcha cicloturista</em> en la etapa de Bélgica al convencer al resto de figuras que era mejor relentizar la velocidad porque los hermanos <strong>Schleck</strong>, entonces como ahora sus jefes de fila, se habían ido al suelo a consecuencia de una mancha de gasóleo en una bajada.</p>
<p>En esa misma edición se produjo, en la etapa de Bagneres de Luchon, la avería de <strong>Andy Schleck</strong> que tuvo como respuesta el ataque de <strong>Alberto Contador</strong> que le sirvió en definitiva para ganar en París, una victoria que luego le retiraron los tribunales deportivos a consecuencia del controvertido caso del clembuterol. El luxemburgués erró al cambiar y le saltó la cadena. <strong>Contador</strong> el único error que cometió entonces fue disculparse por la noche. Su obligación era atacar porque se trató de un error de su contrincante sobre todo cuando más tarde se supo que utilizaba por cuestiones de peso una cadena y unos desarrollos más ligeros y que ya habían ocasionado este tipo de problemas.</p>
<p>Siempre he defendido que cuando un adversario de la general se cae o sufre un pinchazo lo que hay que hacer es mantener el ritmo puesto que en unos pocos kilómetros enlazará sin problemas. Atacar es un gesto muy feo y hasta antideportivo; es lo mismo que aprovecharse del control de avituallamiento o del instante en que el principal rival se detiene a orinar para tratar de dejarlo fuera de control. Por desgracia, siempre ha habido algún ciclista que se ha hecho famoso por este tipo de emboscadas.</p>
<p>Fui de los primeros, el pasado domingo, que censuré la reacción del pelotón a raíz del pinchazo de <strong>Cadel Evans</strong>. Fue antes de que se viera</p>
<div id="attachment_369" class="wp-caption alignnone" style="width: 630px"><a href="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/Ger-20120716-00190.jpg" class="liimagelink"><img class="size-large wp-image-369" title="monumento Tour" src="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/Ger-20120716-00190-1024x768.jpg" alt="El monumento del Tour en la autopista de Tarbes a Pau con la imagen de Induráin." width="620" height="465" /></a><p class="wp-caption-text">El monumento del Tour en la autopista de Tarbes a Pau con la imagen de Induráin.</p></div>
<p>que aumentaba el número de averías y que los coches y motos que acompañan a los ciclistas llegaran a la meta de Foix con clavos en las ruedas. Lo del domingo fue una acción totalmente antideportiva y deplorable por parte de unos seguidores que, hasta ahora, siguen sin ser identificados. Un atentado que alteró el resultado de la prueba y por ello fue lógico que los ciclistas detuvieran la marcha y esperaran a los afectados. Sé que es muy difícil definir la línea y más absurdo escribir un reglamento para este tipo de casos concretos. En el fondo situaciones como esta sirven para alimentar la tertulia, lo que tampoco viene mal. En este deporte solo hay un tema desagradable y que perjudica la imagen del ciclismo. Y no son precisamente los clavos lanzados por unos idiotas en la primera etapa del Tour 2012 en los Pirineos.</p>
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		<title>Historias de anécdotas, historias de hoteles, historia del otro Tour</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Jul 2012 13:04:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergi Lopez-Egea Montoliu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Muchas veces, en el Tour, te puedes encontrar con situaciones rocambolescas. Y hoy voy a contar una de ellas. Cuando uno afronta una carrera de tres semanas sabe que su coche se convertirá en algo más que en la casa ambulante. De hecho si se cuentan las horas que se pasan entre escribiendo, descansando o conduciendo, es en la carretera donde transcurre la mayor parte de la carrera. Es fácil que se alcancen los 7.000 kilómetros. Y, cada día, normalmente se duerme en un hotel...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas veces, en el Tour, te puedes encontrar con situaciones rocambolescas. Y hoy voy a contar una de ellas. Cuando uno afronta una carrera de tres semanas sabe que su coche se convertirá en algo más que en la casa ambulante. De hecho si se cuentan las horas que se pasan entre escribiendo, descansando o conduciendo, es en la carretera donde transcurre la mayor parte de la carrera. Es fácil que se alcancen los 7.000 kilómetros. Y, cada día, normalmente se duerme en un hotel diferente, en una ciudad o pueblo distinto. A veces, a no ser que se ocupe la habitación en una de las dos principales cadenas francesas, la noche puede resultar algo así como una caja de sorpresas.</p>
<p>Hay un hotel que por Tours, por años que pasen, jamás se me olvidará. No recuerdo el pueblo pirenaico donde estaba, pero el nombre se quedará siempre grabado en la memoria: hotel Dupont, aunque lo de hotel era más bien por llamarlo de alguna manera. Dormí allí en una noche muy especial (por eso tampoco se olvida). Fue el día en que <strong>Miguel Induráin</strong> se coronó de amarillo por primera vez, en Val Louron, donde permitió el triunfo de <strong>Claudio Chiappucci</strong>, su compañero de fuga. Recuerdo también que le entregó el <em>maillot</em> amarillo <strong>Seve Ballesteros</strong>, que había seguido la etapa en le coche de <strong>Jean-Marie Leblanc</strong>, por aquel entonces director de la prueba. El panorama que había en la habitación, sin duda ahora, 21 años después, de haberse podido colgar en Youtube (entonces ni existía internet) habría supuesto un éxito de descargas. Sobre la cama una veintena de juegos de sábanas y una decena más de toallas. Al menos estaban todas plegaditas. En el pasillo había una especie de armario y allí las fui depositando, una a una, sábanas y toallas, como si fuera yo el encargado de la limpieza. Tardé un poco en entrar al cuarto de baño, por llamarlo de alguna forma, y lo que allí ví jamás se me olvidará. En la taza del baño (ver para creer) había dibujada la <em>firma del Zorro</em>, ni se sabe desde cuando (qué asco). Había también un enorme botiquín, colgado de la pared, lleno de medicinas abiertas y usadas (en aquellos tiempos tampoco estaba de moda hablar de dopaje por lo que no procedía analizar el contenido) y sobre el plato de ducha una muleta; sí, tan cierto, como que no había cenado ni probado el vino, una muleta. Moscas y mosquitos eran los otros ocupantes de aquella memorable cámara. Menos mal que por lo menos se pudo cenar para acostarse feliz por el inicio de un reinado que duró cinco años en el Tour.</p>
<p>Desde anoche tampoco se me olvidará un hotel de Agde, en un Tour donde un británico, <strong>Bradley Wiggins </strong>(en la foto, de amarillo) pretende triunfar en París al más puro estilo del pentacampeón navarro: noqueando a los rivales en la contrarreloj y controlándolos en la montaña.</p>
<div id="attachment_347" class="wp-caption alignnone" style="width: 630px"><a href="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/IMG-20120711-00119.jpg" class="liimagelink"><img class="size-large wp-image-347" title="Bradley Wiggins" src="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/IMG-20120711-00119-768x1024.jpg" alt="Bradley Wiggins, con el jersey amarillo como líder del Tour 2012." width="620" height="826" /></a><p class="wp-caption-text">Bradley Wiggins, con el jersey amarillo como líder del Tour 2012.</p></div>
<p>El Tour tiene estas cosas. No es solo la carrera. Hay otro Tour al que debes enfrentarte como hace un corredor en la montaña: no perderse y seguir las indicaciones del recorrido, superar embotellamientos en ciudades colapsadas por la propia <em>grande boucle</em>, luchar muchos días porque te den de cenar a horas que tampoco son intempestivas y no olvidarte, en los pueblos con hoteles familiares, del código de acceso, porque los dueños se van a dormir temprano y como no tengas el número secreto, tal cual tarjeta de crédito, no entras por la noche y te quedas en la calle.</p>
<p>Todo se supera por el entrañable cariño que se procesa a esta carrera, por los instantes de gloria que evocan algunos de sus protagonistas, porque la piel se sigue poniendo de gallina cuando asciendes por el coche por puertos míticos y ves la pasión con que la gente se toma la espera. En el Tour, muchas veces, coincides en el hotel con equipos, que pueden ser tanto el del líder como el del último clasificado de la general. Todo se aguanta, hasta una noche en  un hotel de Agde, aunque en este caso no se lo deseo a nadie: suciedad, ruido, mosquitos, televisión inservible, pago por adelantado con amenaza de echarte si no lo haces y de llamar a los bomberos y pagar 150 euros, ¡lo nunca visto! en el supuesto de haber sido fumador y entregarse al supuesto placer de encender un cigarrillo.</p>
<p>¡Ah! Ahora recuerdo también haber coincidido en un Giro de Italia en una ocasión, con todo el equipo Banesto (que suerte haber encontrado una habitación libre en su establecimiento), <strong>Miguel Induráin</strong> a la cabeza. La agencia de viajes de la carrera se equivocó (o les engañaron) de categoría. No era un hotel. Era una <em>casa de barrets</em>. Pero eso es otra historia.</p>
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		<title>14 de julio, libertad, igualdad, fraternidad y embotellamientos</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Jul 2012 14:01:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergi Lopez-Egea Montoliu</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Quienes se quejan de las caravanas y de los atascos que muchos domingos se forman en las autopistas, sobre todo en los accesos a las zonas de peaje, solo tienen que acercarse a Francia. Mucho mejor hacerlo en lo que podríamos denominar como el fin de semana mágico, por no decir negro. Parece que todos los ciudadanos dela República se hayan puesto de acuerdo, todos los franceses con vehículo, y todos a la misma hora y en la misma dirección tomen la autopista, normalmentela A-7,...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_339" class="wp-caption alignnone" style="width: 630px"><a href="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/IMG-20120711-00110.jpg" class="liimagelink"><img class="size-large wp-image-339" title="caravana publicitaria" src="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/IMG-20120711-00110-1024x768.jpg" alt="No es una casa... es un vehículo de la caravana publicitaria del Tour." width="620" height="465" /></a><p class="wp-caption-text">No es una casa&#8230; es un vehículo de la caravana publicitaria del Tour.</p></div>
<p>Quienes se quejan de las caravanas y de los atascos que muchos domingos se forman en las <strong>autopistas</strong>, sobre todo en los accesos a las zonas de <strong>peaje</strong>, solo tienen que acercarse a <strong>Francia</strong>. Mucho mejor hacerlo en lo que podríamos denominar como el fin de semana mágico, por no decir negro. Parece que todos los ciudadanos dela República se hayan puesto de acuerdo, todos los franceses con vehículo, y todos a la misma hora y en la misma dirección tomen la autopista, normalmentela A-7, para buscar las playas del Mediterráneo. Ni quiero pensar como estará la arena de poblada la mañana del domingo.</p>
<p>El 14 de julio es un día muy especial para los franceses. No es necesario haber pasado los últimos veintidós 14 de julios en Francia, siempre con el <strong>Tour</strong>, para percatarse de la devoción patriótica que invade a los habitantes de este país. El día de la libertad, igualdad y fraternidad es especial para ellos. Y parece que no les importe pasarse horas y más horas, repito horas y más horas, encerrados en la <strong>autopista</strong>, donde para avanzar unos pocos kilómetros es necesario llenarse de paciencia. Y el más difícil todavía es cuando uno se equivoca y cree encontrar en un área de servicio algo así como una zona de salvación. Colas gigantescas para echar gasolina, para pagar e incluso para utilizar los servicios.</p>
<p>Si a todo este original menú, le agregamos que en la zona de mayor embotellamiento, desde el sur de Valence hasta el norte de Montpellier, se ha diseñado el recorrido de la 13ª etapa del <strong>Tour 2012</strong>, precisamente en el día en que más aficionados se lanzan a la ruta, con la cara pintada de rojo, azul y blanco, con las banderas del país, con este sentimiento patriótico llevado a su máxima expresión, entonces el caos adquiere una dimensión desconocida.</p>
<p>Por eso, hoy ya ha sido un triunfo haber llegado a la meta del cabo de Agde, después de casi siete horas conduciendo, después de haber prácticamente despertado al conjunto <strong>Liquigas</strong> de <strong>Vincenzo Nibali</strong>, para efectuar los 86 kilómetro shasta la salida a rueda del convoy de un equipo. Si por alguna casualidad quedaban bloqueados, ellos podían llamar a la gendarmería que los sacaría del atasco. No ha sido necesario puesto que la organización del Tour les facilitó una ruta alternativa por carreteras secundarias donde el único obstáculo que obligaba a aminorar la marcha eran las rotondas.</p>
<p>Luego ha sido necesario disfrutar del recorrido, bello, encantador, sobre todo al pasar por los pueblos provenzales, pero que a lo largo de 217 kilómetros, a una media que como máximo alcanza los60 kilómetros por hora, un par de horas antes de que los corredores crucen por el mismo lugar, solo se desea que aparezca la pancarta que anuncia que solo falta un kilómetro para meta. ¡Una liberación!</p>
<p>Porque muchos desconocen que el Tour mueve una caravana publicitaria formada por un millar de coches, que se reparten en bloques, muchos de ellos (como el que figura en la fotografía) prototipos que solo se pueden desplazar en carreteras controladas. Se tarda unos 50 kilómetrosen superarlos a todos. Los coches se intercalan, derecha e izquierda, y hay que adelantarlos en zigzag y con sumo cuidado pues entregan todo tipo de regalos, lo que provoca una especie de locura general entre los espectadores reunidos en las cunetas.</p>
<p>Es la historia de cada 14 de Julio, aunque a veces cueste comprender el sentido a tantas y tantas horas de caravana (<em>bouchon</em> en el vocabulario local)… atrapados en la autopista.</p>
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		<title>Wiggins y el col del Granier</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jul 2012 13:19:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergi Lopez-Egea Montoliu</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_329" class="wp-caption alignnone" style="width: 630px"><a href="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/Apremont-20120713-00167.jpg" class="liimagelink"><img class="size-large wp-image-329" title="Col del Granier" src="http://tourmalet.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/07/Apremont-20120713-00167-1024x768.jpg" alt="Unos seguidores noruegos pasean por la cima del col del Granier" width="620" height="465" /></a><p class="wp-caption-text">Unos seguidores noruegos pasean por la cima del col del Granier.</p></div>
<p>A las 10 de la mañana en el col del Granier todavía refresca el ambiente. En la cima hay algo así como una aduana invisible que sirve para avisar que los Alpes se han acabado, que el primer menú de montaña de verdad del Tour2012 ha sido al más puro estilo de los buenos restaurantes franceses: todo muy bueno pero demasiado escaso, sobre todo si se va con hambre. Y hambre de montaña había y sigue habiendo en esta ronda francesa. La etapa del jueves fue durísima, de las que destrozan uno a uno los músculos de las piernas.</p>
<p>A las 10 de la mañana en el col del Granier es necesario abrigarse, intentar llevar las piernas cubiertas y los brazos tapados, el aire alpino que se respira es más primaveral que veraniego. La ruta que conduce hasta la cumbre no es distinta a la de otras cimas del Tour; mucha gente, carretera estrecha y cicloturistas que se animan y se levantan de los sillines en cuanto observan que algún espectador los aplaude. Da igual la edad que tengan, la mayoría se creen que son algo así como una reencarnación de <strong>Jacques Anquetil</strong>, si son franceses. Curiosa es la imagen de las decenas y decenas de chicas que ascienden en bici, cada vez hay más. Y curiosa otra vez más el desfile de banderas, de todos los países. ¡Hasta hay unos seguidores canadienses! Son de Quebec, el Canadá francófono, que como tantos otros saludan al Tour, del primero al último de los ciclistas. Y unos seguidores de Málaga, con la bandera del equipo de fútbol, que llevan toda la carrera y que cuando pasa <strong>Luis Ángel Maté</strong>, el corredor de la tierra, del conjunto Cofidis, se vuelven locos, se entusiasman… es uno de los suyos.</p>
<p>El Col del Granier, un primera categoría, duro y no demasiado largo, enclavado a mitad de la 12ª etapa, a 145 kilómetros de la llegada de Annonay, al sur de Lyón, no tiene porque ser un escenario decisivo en la historia de este Tour. A nadie se le ocurrirá atacar tan lejos de meta, con un territorio llano, solo alterado por el puerto de tercera que hay a 18 kilómetros y por la entrada a la ciudad de Annonay, peligrosa y siempre picando hacia arriba. ¿A nadie? Al menos los espectadores que allí se han recogido, que han pasado frío, que han dormido en tiendas de campaña o en las autocaravanas, que han hecho un viaje, incluso desde la otra parte del Atlántico, han visto, no sin sorpresa, como <strong>Bradley Wiggins</strong>, el líder, el jersey amarillo, ha pasado al ataque; sin duda, algo inesperado. Los seguidores, seguro, esperaban un paso más calmado y no ver al jefe del Tour tan alterado. Seguro que se han preguntado el por qué de la acción. Pues es fácil encontrar la respuesta: sabe que algunos lo han cuestionado, porque siempre hay que cuestionar al que va primero porque va primero y al segundo porque va segundo, y posiblemente <em><strong>Wiggo</strong></em> haya querido demostrar que allí estaba él y que si llevaba la prenda puesta no era precisamente porque se la hubieran regalado. Y por esta razón los seguidores del col del Granier han encontrado una recompensa inesperada a tantas y tantas horas recogidos en la montaña.</p>
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