En la tierra de don Federico

estatua

El 18 de julio de 1959 se repartió paella entre los invitados que asistían a la gala de la Embajada Española en París. Y no precisamente para recordar una fecha que muchos querrían olvidar. El 18 de julio de 1959 Federico Martín Bahamontes, conocido como ‘El Águila de Toledo‘, ganó el Tour. Se convirtió en el primer ciclista español que se impuso en la ronda francesa. Lo hizo siguiendo los consejos de Fausto Coppi, para algunos el mejor ciclista de la historia, hasta por encima de Eddy Merckx, el mismo Coppi que unos meses más tarde murió de malaria durante un viaje a África.

Ya se han cumplido 60 años de la victoria, la primera, la que abrió décadas más tarde el camino para los triunfos de Luis Ocaña, Pedro Delgado, Miguel Induráin, Óscar Pereiro, Alberto Contador y Carlos Sastre, de El Barraco, como el Chava Jiménez, por donde este viernes ha pasado la Vuelta. Una escultura, ante el mejor mirador de Toledo, recuerda a Bahamontes, el deportista más famoso surgido de las entrañas de una ciudad que recuerda constantemente su pasado imperial. 91 años cumplió en julio don Federico, al que ya le cuesta un poco más andar y coger el volante de su viejo Mercedes. Ahora prefiere que lo acompañen. Lo cierto es que desde que hace más de un año murió Fermina, a la que dedicó la victoria del Tour, Bahamontes no ha vuelto a ser el que era.

Ya le cuesta más tomar su vasito de bitter, pero sigue siendo el terror en los bares frecuentado por madridistas en Toledo. Hace décadas que no se puede var con él (excepto que seas barcelonista) un clásico entre los dos equipos. Y sigue recordando sus seis o siete historias que enmarcaron la trayectoria de quien está considerado como el mejor escalador de la historia del Tour.

En la Vuelta no tuvo tanta suerte. Fue segundo en la edición de 1957, la que ganó Jesús Loroño. Fueron rivales irreconciliables durante los años en que estuvieron en activo, aunque luego, como sucedió en Francia entre Jacques Anquetil y Raymond Poulidor, se hicieron amigos. Iosu Loroño, hijo de Jesús, y periodista de la televisión vasca lo sigue llamando con frecuencia.

La escultura fue inaugura en el 2018 con la presencia de Induráin, Delgado y Sastre. En julio, durante el Tour, unos gamberros la tumbaron y ahora se ha remodelado coincidiendo, precisamente, con el paso de la Vuelta por Toledo. Es obra de Javier Molina.

Durante años tuvo abierta la tienda de bicis. En 1965 puso pie a tierra camino de la ascensión del Tour al Aubisque y nunca más volvió a competir a un primerísimo nivel, aunque volvió a subirse a la bici para retirarse ganando la desaparecida Escalada a Montjuïc.

Triunfó en el Tour en una época en que la gente hacía cola delante de los kioscos para poder leer, al día siguiente, la crónica con las gestas de Bahamontes por Francia. No había televisión en directo y si acaso una escueta información radiofónica que también contaba la actualidad de Federico por Francia y su inolvidable ascensión al Puy de Dôme que quedó inmortalizada en los libros de historia del Tour.

Toledo es la ciudad de Bahamontes. Se sigue paseando por las calles y los vecinos lo paran aunque ya no tenga la rapidez de antes, aunque sigue tan delgado como siempre y con ganas de detenerse a hablar con cualquiera; nunca de política, sino de ciclismo -sigue sin encontrar a ningún corredor que se le parezca- y de su Barcelona del alma. Es el ganador del Tour en vida más antiguo que hay.