En el 2019, un líder y no tres

 

Valverde bueno

Hace unos años el que fuera presidente de la Generalitat Pasqual Maragall le dijo al entonces líder de la oposición Artur Mas: “usted tiene un problema que se llama 3%”. El Movistar tiene un problema que se llama Nairo Quintana y 3 millones de euros. Y, ciertamente, es muy difícil que se pueda solucionar la próxima temporada porque, aunque el ciclista quisiera abandonar la escuadra española, debido a sus resultados de la pasada temporada y sobre todo de la actual, no hay conjunto que pueda o vaya a pagarle tal salario al corredor. Es un sueldo de ganador de Tour, por lo menos de vencedor de la Vuelta. Y, aunque Quintana dio la única alegría importante al Movistar en  la pasada ronda francesa, un triunfo de una jornada se paga muy por debajo de estas cifras.

En ciclismo, desde los tiempos pretéritos, los equipos, o cuando existían las selecciones nacionales, acudían a las grandes rondas con un líder, como mucho con un ciclista en la recámara si se intuía que el principal, sobre todo por forma física o por resultados, no iba a rendir como se esperaba de él. Pero tres, lo que se dice tres, jamás se había planteado hasta la pasada ronda francesa. Y, en la Vuelta, porque Mikel Landa no estaba, se volvió a ir sin dejar claro quién era el líder, aunque siempre se trabajó en favor de uno. Y, cuando se corrigió, ya era demasiado tarde.

Es verdad que el resultado de Quintana este año ha sido muy pobre: un triunfo en la Vuelta Suiza y la victoria de etapa en el Tour. También es cierto que los éxitos conseguidos por Landa se resumen a una etapa de la Tirreno-Adriático. Y, como suele ocurrir, Alejandro Vaverde, al margen de la gran victoria de Marc Soler en la París-Niza, ha vuelto a ser quien ha llevado el timón del Movistar. Pese a su desfallecimiento en la fase final de la Vuelta, ha conseguido cuatro rondas por etapas, ocho victorias de etapa y el Gran Premio Miguel Induráin. Y los ha logrado en un año muy especial, el de su retorno tras el gravísimo accidente que sufrió en el Tour 2017; una caída que a punto estuvo de retirarlo del ciclismo profesional. Por eso, y con 38 años, cualquier crítica por no ganar la Vuelta está totalmente fuera de lugar. Y, además, Valverde nunca fue el jefe de filas en la Vuelta, hasta el final, demasiado agotado y con mucha presión.

También es cierto que el mayor protagonismo de la Vuelta, mediáticamente hablando, se lo ha llevado el Movistar. Pero no es menos cierto que, en términos futbolísticos, todo el protagonismo de la Liga se lo llevan el Barça y el Madrid, aunque solo triunfa el que consigue el título y el perdedor siempre está obligado a efectuar cambios pensando en el siguiente ejercicio.

Al Tour del 2019 no se puede volver a ir con tres líderes. Al Tour del 2019 hay que llevar a Valverde de hombre libre, estilo Julian Alaphilippe, y no sacrificarlo en ataques imposibles buscando luego los remates que no llegan. Y al Tour del 2019 hay que ir con Landa de jefe de filas, comprobado el rendimiento de Quintana  y visto también un ambiente más bien hostil que cualquier periodista con solo indagar capta en la escuadra española. La convivencia no es buena y, desgraciadamente, todos los dedos apuntan en una misma y única dirección. Por eso, y con la ironía del 3 por ciento, Nairo es, en estos momentos, un problema muy serio y de difícil solución inmediata para el conjunto español, para un Movistar que por primera vez no ha logrado colocar a ninguno de sus pupilos en el podio de las tres grandes, aunque eso sí han conseguido triunfos de etapa en las tres carreras, ya que no se puede olvidar la victoria de Richard Carapaz en el Giro.

El Movistar es el equipo más querido por la afición española porque sigue siendo el de la eterna herencia de los conjuntos que lideraron Pedro Delgado e Induráin. Eusebio Unzué es una auténtica institución en este deporte, con años de experiencia, con mil batallas superadas y, sobre todo, con mano izquierda. Y, por eso, solo él tiene la posibilidad de erradicar el problema que azota al equipo. Y ello no resta la admiración del pasado por las gestas de Nairo. Extraordinarias… pero en el pasado.