El Tourmalet de Perico

Perico reducida

No es una casualidad que este blog se llame el Tourmalet. Podía haber sido bautizado de muchas maneras, pero si había que ponerle un nombre de montaña, qué mejor que fuera el Tourmalet. El Aubisque y el Aspin, en los Pirineos, el Ventoux, perdido en la bella Provenza, el Izoard, el Aubisque y Alpe d’Huez, en los Alpes, o el olvidado Puy de Dôme en el Macizo Central, pueden tener muchísimas historias que contar pero ninguna de ellas se acerca a la magia que atesora cada kilómetro del Tourmalet.

El Tourmalet es la salsa con la que se cocina casi siempre el Tour. Es verdad que en alguna rara ocasión sale del guion establecido pero uno de los grandes atractivos de esta edición en la que se homenajean los 100 años del jersey amarillo. La cima pirenaica, con meta añadida, se establece como uno de los grandísimos atractivos de la prueba, este sábado como etapa reina de los Pirineos.

Muchos son los héroes que desde que en 1910 se decidió subir al Tourmalet por una pista forestal con bicis de hierro que pesaban lo suyo. Muchos son los que han dejado inscrito su nombre para la leyenda; entre otros, corredores españoles como Trueba, Berrendero, Poblet, Bahamontes, Julio Jiménez, Gandarias, Galdos o Cubino.  Pero también es una montaña que ha sido siempre un poco de Pedro Delgado.

Este mes de junio el campeón segoviano quiso recuperar las viejas sensaciones de las ediciones de 1985 y 1988, para citar dos años claves en la vida deportiva de Perico. Volvió a subirse a la bici y regresó al Tourmalet. Ocurrió el sábado 15 de junio junto a un pelotón de buenos escaladores, reunidos por Le Coq Sportif, como si fueran sus gregarios entregados a su servicios o felices por ascender a la catedral del ciclismo a su lado.

Delgado, en una mañana fría y lluviosa, surgió de la niebla, de esa niebla que tantas veces se forma al pie de la cumbre y que no desaparece hasta los últimos tres kilómetros de subida para que el aventurero en bici se dé cuenta que está ascendiendo a los cielos con las nubes a los pies. Le pasó a Perico hace poco más de un mes, una mañana de tremendo tráfico por su carretera; por ambos lados, por Barèges donde subirá el Tour este sábado, o por Sainte Mairie de Campan, con paso intermedio por La Mongie, el lugar que escogió Perico. En la cima hubo un auténtico atasco porque para muchos fue una tremenda alegría coger el coche, acercarse a los alrededores del Tourmalet, calentar piernas primero por el Aspin y encontrarse en lo alto del Tourmalet nada menos que con Delgado. Si hubiese cobrado esa mañana un euro por foto que se hizo la recaudación habría valido la pena.

En 1985, en el día de su primera gran victoria en el Tour, Perico no coronó primero el Tourmalet porque lo hizo Pello Ruiz Cabestany, cumpiendo órdenes ,después de que Pepe del Ramo, a quien siempre le han llamado ‘El Gato’, atacase poco antes del Aspin para cruzar esta cima en primera posición. Ambos fueron los abanderados, los que anuncieron el decisivo ataque de Perico para ganar en solitario en lo alto de Luz Ardiden con 25 segundos de ventaja sobre Lucho Herrera y 1.29 minutos antes de que Fabio Parra lo hiciera en tercera posición.

Y también fue el Tourmalet de Perico en 1988, en el Tour que ganó, en un día de control por detrás para llegar otra vez a Luz Ardiden, en esta ocasión en tercera posición, en el gran día de Lale Cubino y su extraordinaria cabalgada en solitario con el premio de pasar también primero por el Tourmalet que este sábado aguarda a los astros del Tour 2019 como pieza clave, como salsa imprescindible y todavía con el asfalto caliente por la reciente ascensión de Delgado.

Temas