¿Qué pasa cuando se termina el Tour? Pues algo tan sencillo como que ya se empiezan a marcar en rojo los días que faltan para que el mes de julio del 2013 sea una realidad. ¿Es aburrido el Tour? Es imposible. Es falso. Es una barbaridad decir, por ejemplo, que Bradley Wiggins ha vencido con el bostezo como compañero de viaje. Lo dijo el jersey amarillo el sábado cuando alguien le preguntó si los Tours de Induráin aburrían. La gente se volcaba ante el televisor, se aplazaban reuniones, el “no molesten” colgaba de la puerta de muchos despachos, y los que tenían la fortuna de poder viajar se dirigían hacia algún monte en los Pirineos para ver pasar al navarro apenas unos segundos. ¿Aburrían entonces las contrarrelojes? Muchos aficionados hasta se ponían con un papel y un bolígrafo para anotar los segundos o minutos que caían en los pasos intermedios. Las cronos, entonces, eran una gozada. Y desde luego que no aburrían.
Esta tarde en los Campos Elíseos uno se perdía si empezaba a contar las banderas británicas que exhibían los seguidores. Había británicos, mayoritariamente ingleses, por todas partes. Parecía que salían de debajo de las piedras. Quien diga también que el ciclismo era un deporte que no interesaba en el Reino Unido no sabe lo que dice. Está bien claro que les faltaba un ídolo como Wiggins, que ya ha ganado el Tour, o como Chris Froome, que lo puede ganar. Pero, en el 2007, la ronda francesa salió de Londres y todavía hoy se ha de crear la ciudad que aporte tantos y tantos aficionados a la calle para animar a los corredores del Tour. Más de dos millones de personas se citaron en el recorrido de la contrarreloj, mayoritariamente en Hyde Park. A las 6 de la mañana ya resultaba prácticamente imposible encontrar una posición en la primera línea, junto a las vallas. Hubo un ambiente impresionante. Nunca se había visto, ni antes ni después, tanta gente al paso de la grande boucle. Recuerdo, también, que en 1994 la prueba cruzó el Canal de la Mancha por el recientemente estrenado Eurotúnel. Se celebraron dos etapas en Inglaterra, que finalizaron en las ciudades de Brigthon y Portsmouth. En esa edición de la carrera, que Induráin ganó y que un chaval de 14 años llamado Brad Wiggins seguió emocionado por televisión, también resultó difícil encontrar un hueco en una carretera o calle inglesa.
El Tour, si gusta el ciclismo, nunca aburre. Llevamos años ya con ataques lejanos imposibles. Este deporte se ha vuelto más humano, mucho más, sobre todo desde que la mayoría (siempre habrá algún inconsciente) se ha dado cuenta de que no pueden ser unos seres artificiales movidos al son de los avances científicos, mayoritariamente prohibidos, sino deportistas que sufren, que calculan, que se lo piensan dos veces a la hora de atacar. ¿El espectáculo lo nota? Pues, evidentemente, al igual que en otros deportes, ¿cuántos años hacen que no se pulverizan récords en otras disciplinas deportivas? Y, por todas estas razones, cuando se abandonan los Campos Elíseos ya se piensa que quedan menos
horas, días, meses, casi un año, para que empiece el espectáculo. Porque ya se sabe, el Tour se espera todo un año y luego pasa rápido.


