El lema del médico en la Vuelta: prohibido trabajar

doctor sanz

A casi todos se les desea suerte, sobre todo a los ciclistas, que ganen alguna etapa, que se luzcan en una fuga o que incluso se lleven la Vuelta. Pero, a los médicos, se les pide todo lo contrario, que su viaje a rueda de las bicis, en coches descapotables, sea como unas vacaciones, que contemplen el paisaje, que disfruten de la fiesta deportiva, que admiren los monumentos que ven por el camino y que hasta puedan saludar a los aficionados que se citan en las cunetas. Todo, menos trabajar. Porque su labor es sinónimo de caída, de accidente y, hasta en ocasiones, de sustos de padre y señor mío.

Pedro Sanz, el protagonistas de estas líneas, es un especialista en medicina deportiva. Trabaja habitualmente en el Club Coronario de Pamplona, un gimnasio que recupera a personas que han tenido problemas de corazón. Él cuida sus ejercicios y sigue la evaluación, pero cuando comienza la Vuelta hace las maletas y se instala en uno de los tres coches a cola de pelotón. “Yo voy siempre en el que sigue la escapada donde, estadísticamente, es más difícil que se produzcan caídas”. Así que ve al pie de la letra cómo se desarrolla la etapa y hasta puede apostar por quién tendrá o no el honor de levantar los brazos en meta.

“De hecho -explica- no llevamos muchos medicamentos en el coche, ya que además los fármacos que podemos aplicar son muy limitados”. Si cualquier lector acude a la farmacia con la receta de su médico y consulta el prospecto del medicamento que va a tomar es fácil que lea este texto: “si es usted deportista profesional le comunicamos que este medicamento contiene un componente que puede dar positivo en un control antidopaje”. Pues bien, ya no lo puede tomar un ciclista y, evidentemente, aunque vaya bien para el resfriado o tratar una inflamación, los médicos de la Vuelta, ni de ninguna otra prueba ciclista, lo pueden llevar en los coches que atienden a los corredores.

Ellos, básicamente, están para auxiliar a los corredores en caso de caída. “Lo más frecuente son rozaduras y quemaduras a causa del contacto con el suelo. No es tan habitual, afortunadamente, las fracturas, que son principalmente de clavícula, téngase en cuenta que los corredores están muy delgados y no llevan protección alguna en previsión de accidente. Sin embargo, y aunque la gente crea que el ciclismo es muy peligroso, yo trabajé una temporada en la estación de esquí de Formigal y allí había infinitamente muchos más accidentes, y más graves, que los que nos podamos encontrar en el ciclismo profesional”.

Sanz lleva 25 años cuidando a los ciclistas. Debutó con el histórico Reynolds, equipo navarro como él, en los años 1987 y 1988, la escuadra de Delgado, Induráin, Laguía, Gorospe y tantos nombres ilustres de aquella época. También colaboró con el conjunto Caja Rural pero, casi siempre, ha estado velando por los corredores en competición. “Lo que más llevamos son utensilios para las curas, como vendajes, gasas y yodo. Al lado mío también tengo un maletín de asistencia rápida por si se produce una caída de gravedad”. Cuatro ambulancias están también siempre atentas por si ha de producirse alguna evacuación urgente. “Tienes que hacer un diagnóstico al minuto. A veces el corredor quiere volver a montar en la bici y debes determinar si es prudente que lo haga o no”. La decisión del médico puede provocar el abandono del corredor, a lo que este, evidentemente, se opone. Por ello hay que ser cauto y acertar. Y por todo ello nada mejor que desearle al doctor Sanz y al resto de médicos de la Vuelta que tengan un plácido y agradable viaje ciclista hasta Madrid.