El infierno verde de Cantabria

 

Los MachucosLa Vuelta a España presenta este miércoles en rigurosa primicia ciclista un puerto cántabro que se denomina Los Machucos y que ha sido escogido como punto de referencia para resolver la 17ª etapa de la prueba. No conocía esta subida, inédita en el recorrido de la carrera, y que desde hace meses había suscitado comentarios de todo tipo en los ambientes de este deporte. Y, aunque siempre he sido un defensor de este tipo de ascensiones, cuestas que ya forman parte de la historia más reciente de la Vuelta, he de confesar, y me duele, que Los Machucos no me han gustado nada. Creo que es una ascensión excesiva para los corredores a esta altura de la carrera; demasiado dura y encima con una climatología que tampoco juega a su favor.

La Vuelta lleva años acertando al ciento por ciento en su apuesta por dar espectáculo a la carrera y se está viendo este año con una carrera intensísima dominada por Chris Froome y animada, sobre todo, por Alberto Contador. El público espera cuestas de este tipo, de las que obligan a los corredores a retorcerse de lado a lado, a utilizar los desarrollos que poco a poco ha ido adquiriendo el ciclismo de carretera basándose en los avances del ciclismo de montaña. Pero, Los Machucos, con tramos de hormigón que funden los embragues a los coches que no están automatizados, rampas que casi alcanzan el 30 por ciento, carretera estrecha, me ha parecido demasiado severa para los corredores en la tercera semana de competición cuando el sábado se afronta un mito de la carrera, el Angliru que, la verdad, y a riesgo de equivocarme (este periodista ha subido esta cima asturiana en bicicleta) me parece más suave que Los Machucos, al margen de lo que digan los porcentajes oficiales.

La Vuelta, esa carrera que deportivamente estuvo enferma, sobre todo en los 90 y la primera mitad de la década de este siglo, goza de una salud excelente, con sus patrocinadores, con las máximas figuras no solo viniendo a la carrera a lucir dorsal y ponerse morenos. si no a disputarla como se está viendo y comprobando en los casos de Froome, Nibali o Contador, por poner tres ejemplos. Y, además, lo ha hecho con puertecitos cortos y explosivos, sin olvidar tampoco las tradicionales ascensiones de largo kilometraje que son, en defnitiva, las que resuelven la clasificación general junto a las contrarrelojes. Y, aunque me duele, los 7 kilómetros de Los Machucos con sus rampas infernales –de ahí que se haya titulado esta entrada como el infierno verde de Cantabria– me han parecido demasiado agresivos para los corredores.

Y ya que hoy esta entrada adquiere un tono crítico, un consejo a los cicloturistas que tanto en la Vuelta, como en el Tour o el Giro, tienen la costumbre de descender del puerto, tras coronarlo el día de la carrera –tienen otros 364 días al año para hacerlo– como si se jugasen la victoria de una etapa. Es muy peligroso y un día habrá una desgracia porque son muchos los coches acreditados, de organización, de equipos, de patrocinadores, de prensa, que suben en sentido contrario a su descenso.

Ir en bicicleta no significa creerse el dueño de la carretera. Hay irresponsabables. En el Tour cada año hay un accidente por estas circunstancias en puertos como el Tourmalet. Para ir como espectadores a un final de montaña en una gran carrera no es necesario hacerlo creyéndose un Froome en essencia y jugarse literalmente la vida. No pasa nada por llevar una mochila, unos bocadillos y colocarse en la cuneta para animar a los corredores que realmente están en competición. No es necesario imaginarse que por ir en bici, entrenar mucho y superar puertos como Los Machucos, uno es un as de la bicicleta. Un poco de sentido común.