‘El Gato’ del ciclismo

Pepe del Ramo, en Albacete

Hay momentos estelares en la vida de una persona que jamás se olvidan por años que pasen. El día de gloria de un deportista, la mejor hazaña, la que se cuenta primero a los amigos, luego a los hijos y décadas después a los nietos. Por eso, ahora sería necesario penetrar en el túnel de tiempo y desplazarse hasta el año 1985 para revivir una etapa de leyenda, una jornada de gloria en el Tour, en Luz Ardiden, con Pedro Delgado ganando la etapa bajo una espesa niebla.

Perico era el jefe de filas del conjunto Seat-Orbea que dirigía Txomin Perurena y que contaba con Pello Ruiz Cabestany como principal ayudante del corredor segoviano. La etapa fue un cúmulo de estrategia, preparada antes de que las escuadras apostaran por los autocares, comentada en el coche, camino de la salida, en una época en la que no existían ni pinganillos, ni teléfonos móviles, ni internet, ni la posibilidad de escribir blocs como este.

Era necesario romper la carrera desde la salida para endurecerla y el primer encargado que debía empezar a hacer añicos el pelotón tenía nombre propio, Pepe del Ramo, contemporáneo y nacido en el mismo 1960 que Perico. Si hoy se abre el libro de oro de la grande boucle y se busca el paso por el Aspin para comprobar los nombres de los ciclistas que coronaron su cima en primer lugar desde 1910, en la ascensión de 1985 figura el nombre de Del Ramo.

Por años que pasen a Pepe le gusta revivir su hazaña, explicar con pormenores cómo se escapó, las consignas que recibió y la tremenda felicidad que le supuso haber colaborado en la victoria de Perico. Pero, también, con los años, los kilómetros de subida al Aspin van aumentando, la gesta cada vez es más dura, con mayor esfuerzo y con más dificultad.

A Pepe en los ambientes ciclistas se le conoce como El Gato. Ya retirado de la alta competición, se convirtió en un empresario emprendedor. Fundó la empresa Catlike, que ahora es una referencia mundial en la fabricación de cascos de ciclismo; desde Yecla, Murcia, al mundo. Son los cascos que lleva el equipo Movistar, en las cabezas de Alejandro Valverde y Nairo Quintana.

El sábado por la noche, en Albacete, por primera vez, se olvidó de rememorar su épica por el Aspin. Pero, seguro, que la próxima vez volverá a contar su aventura en el Tour. Por pasión y porque siempre entusiasma escuchar las viejas historias de ciclismo.