El día que Induráin visitó la Vuelta

Induráin, junto a Delgado y Pereiro, en Pau.

Induráin, junto a Delgado y Pereiro, en Pau.

Miguel Induráin no se deja ver mucho por las grandes vueltas. Tenía una deuda con la ciudad de Pau donde se ubica un museo al aire libre que se denomina Tour des Géants. Se trata de una serie de monolitos con fotos y una pequeña historia dedicado al ganador de cada edición del Tour desde 1903. No falta nadie. Todos tienen su pequeño monumento en amarillo, hasta Lance Armstrong con siete recuerdos aunque con un asterisco al final de cada uno de ellos donde se advierte que ha sido desposeído de la victoria a consecuencia del dopaje.

En julio, en la inauguración de este gran monumento colectivo al Tour, estaban invitados Eddy Merckx, Bernard Hinaut e Induráin, pero el acto, que coincidió con la disputa de la contrarreloj que ganó Julian Alaphilippe, coincidió con la jornada previa a la disputa de la marcha cicloturista que se celebra en Navarra y lleva el nombre del cinco veces vencedor de la ronda francesa, por lo que excusó la presencia. Y este martes Induráin ha descubierto su monolito, al igual que han hecho Pedro Delgado y Óscar Pereiro, vencedores de las ediciones de 1988 y el 2006. Otros cuatro españoles también han llegado de amarillo a París. El primero fue Federico Bahamontes, en 1959, luego Luis Ocaña en 1973, Alberto Contador (2007 y 2009) y Carlos Sastre (2008). El próximo verano se cumplirán 11 años de la última victoria española reconocida en los Campos Elíseos puesto que el triunfo de Contador en el 2010 se le retiró a consecuencia del controvertido caso del solomillo, que también se originó en Pau, la ciudad que tanto quiere al Tour y que tantos disgustos da en ocasiones.

Y nada mejor que Induráin se dejara ver el día que se celebra una contrarreloj, el arte ciclista que él mejor dominó y una especialidad que cada vez está más castigada en las grandes rondas. En época de Miguel tanto en el Tour como en la Vuelta acostumbraban a disputarse al menos tres: lo que se denominaba como prólogo de la carrera, una al final de la primera semana de carrera y otra a un día de la conclusión. A veces, incluso, había otra por equipos y hasta una cronoescalada infiltrada a mitad de competición. Las ‘cronos’ llegaban a superar los 60 kilómetros, como sucedió, por ejemplo, en la histórica contrarreloj de Luxemburgo, en la ronda francesa de 1992, donde Induráin dejó a todos sus rivales a más de tres minutos por lo que fue bautizado como ‘El Extraterrestre’.

Hoy ‘El Extraterrestre’ se mueve con los pies por la tierra. A los 55 años sigue yendo en bici y participando en época estival en un sinfín de marchas cicloturistas y siempre con un buen papel. Sigue viviendo en Pamplona aunque su hijo mayor, que se llama Miguel como él, ya hace un tiempo que trabaja en Palma, con las bicis y los turistas, al margen de ganar algunas carreras populares en bici en las que ha participado.

Sigue sin gustarle hablar de él. Jamás aparecerá una entrevista de Induráin recordando su época, en ningún periódico. “Yo ya soy historia, que hablen otros”. En la intimidad, sin embargo, siempre suelta alguna anécdota como cuando hace un par de años bendijo los frenos de disco para los cicloturistas. “¿Y para los profesionales? ¿Te habría ido bien llevarlos en tu famoso descenso al Tourmalet de 1993?”. “Pues no lo sé, la verdad porque no se si llegué a frenar tres veces en toda la bajada”. Fue el día que, vestido de amarillo, se lanzó a la caza y captura de Tony Rominger que lo había atacado muy duro durante la subida al más famoso puerto de los Pirineos.

Convive con sus trofeos. “Una vez llegue a hablar con el Gobierno de Navarra para ver si hacíamos un museo”. No se acabaron de poner de acuerdo, por lo que todas las copas y distinciones que ganó durante sus años de gloria están en su casa de Pamplona. “Hay que sacarles el polvo de vez en cuando, pero ahí están  bien”.

Se le escuchará comentando de vez en cuando etapas del Tour o de la Vuelta, como ha ocurrido este martes, ya que ha colaborado en la retransmisión de la contrarreloj con Carlos de Andrés y Pedro Delgado, en TVE. Y hasta es capaz de afirmar que tampoco habría pasado nada si en su época hubiera habido tan pocas contrarrelojes como ahora. “Habría que haber entrenado diferente, más pensando en la montaña, pero sí… a mí me iban muy bien las contrarrelojes”. De ello se puede dar fe y la historia lo tiene bien constatado.

El 1 de enero de 1997 en un largo salón de un hotel de Pamplona anunció la retirada. Ya no queda nadie de su época en activo, ya que ni siquiera Alejandro Valverde había debutado. Tenía 16 años por aquel entonces pero ya lo llamaban ‘El Imbatido’ en las carreras juveniles de Murcia. Las ganaba todas. Induráin es historia aunque se le sigue añorando.