El chico del Club Ciclista Sant Boi

De la Cruz buena

Permitidme que la entrada de hoy se la dedique a David de la Cruz. Mediáticamente y por palmarés no tiene la fama de Alberto Contador, a pesar de que en las primeras 13 etapas de la Vuelta ha sido el primer corredor español de la clasificación general. Lleva un año preparando la ronda española, sabiendo que su equipo, el Quick Step, lo había elegido y designado para ser el jefe de filas. En este 2017 el corredor catalán ha confirmado a los 28 años la madurez ciclista que ya había comenzado a exhibir la temporada pasada. De la Cruz ha ganado etapas en la París-Niza y la Vuelta al País Vasco, carrera, además, que llegó a liderar antes de que Alejandro Valverde lograra la victoria definitiva.

De la Cruz se ha identificado siempre por ser un ciclista que ha confiado en sí mismo y no se ha conformado con el papel que podía haber tenido hace unos años si se hubiese ido a conjuntos como el Movistar donde habría crecido como un buen gregario. Sin embargo, él ha mantenido su propia fe, creyendo, como así ha sido, que podía liderar y pelear por la clasificación general de una carrera como la Vuelta.

Descubriré un secreto. En el 2014, 15 días antes de comenzar el Tour, De la Cruz estaba concentrado en un aparthotel zona de Grau Roig, en Andorra. Este periodista se encontraba también en el Principado y quedamos a desayunar en un salón de té de Canillo. Era el día de descanso de David así que tenía tiempo para charlar tranquilamente. De la Cruz debutaba en la ronda francesa. Y ya hablaba de objetivos. Decía, y estaba convencido de ello, que podía pelear por la clasificación de la montaña, que quería dar la sorpresa, que no lo conocían y que si perdía tiempo los primeros días, en un Tour que comenzó en Inglaterra y que ganó Vincenzo Nibali, luego podría colocarse sin problemas en fugas durante los días de montaña y pelear por el jersey de topos rojos.

En aquel Tour hubo una etapa que finalizó en Saint Etienne. En la salida, yendo al control de firmas, se cruzó con Valverde y el corredor murciano le dijo a David que era su día, que se colase en la fuga y que buscase la victoria. La suerte le fue esquiva y en una curva le patinó la rueda delantera, con tan mala suerte que impactó violentamente con el asfalto y se partió la clavícula. Tuvo que abandonar.

De la Cruz es el gran triunfador en ese maravillosa escuela ciclista que Jesús Ruiz dirige en Sant Boi, el Club Ciclista Sant Boi que acoge a un centenar de niños y niñas a los que se le inculca el amor por este deporte. Disponen, además, de un circuito que permite a los chavales correr sin el riesgo que supone salir a la selva de la carretera.

Él siempre quiso ser ciclista, por lo que renunció a una carrera de fondista en el atletismo. No tuvo timidez a la hora de incorporarse a un Quick Step, que pasa por ser uno de los grandes bloques del ciclismo internacional en pelear por las grandes clásicas del calendario mundial. Pero, ¡ay las grandes vueltas! donde los líderes siempre están muy solos en los momentos claves de las etapas. Le pasó a Dan Martin en el Tour y se ha repetido ahora con De la Cruz en la Vuelta.

El año que viene correrá en el Sky. Y, por una vez, asumirá el papel de gregario en el Tour, porque Chris Froome, que buscará una quinta victoria para igualar en éxitos a Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Induráin, necesita a corredores con la calidad y la consistencia de De la Cruz, sobre todo porque Mikel Nieve, su gran protector en la montaña, correrá en el 2018 en el Orica australiano.

Pero sabe De la Cruz que dentro de un año, si Froome gana ahora la Vuelta, difícilmente volverá el ciclista británico a la ronda española y él tendrá la gran ocasión de liderar al Sky en la carrera. Y allí sí que tendrá equipo para reincorporarlo al pelotón si se cae en las cimas valencianas o camino de Calar Alto.

El niño que creció con el uniforme del Club Ciclista Sant Boi ya ha crecido y se ha convertido en un ciclista que pelea por subir al podio de la Vuelta con el deseo de que por una vez la suerte lo acompañe.