Desde el coche escoba de la Vuelta

Alfonso Volpini Tondo, en Castelló.

Hay otra etapa de la Vuelta que la gente no ve. Un mundo que se mueve detrás, y nunca mejor decirlo, de los corredores, gente corriente, que se emplea casi un mes de su vida para trabajar en la ronda española, con labores que, a veces, son duras y otras son pacientes.

Está, por ejemplo, el caso de dos hermanos, a los que todos conocen como ‘Los Tigres’, y que no hace falta precisamente que quemen calorías corriendo a pie o incluso en bici, puesto que el desgaste que realizan cada día se asemeja al de los propios profesionales del ciclismo.

Se deben retirar los carteles que indican a los ciclistas con flechas por dónde va la carrera, las cintas que coloca la Guardia Civil para evitar que vecinos o despistados accedan a la ruta de la carrera, carretera cerrada, la ‘capsula’ de la Vuelta, como se denomina… y todo ello lo realizan cuatro personas, dos de ellos los hermanos mencionados. Y lo hacen a la carrera, saltando de la furgoneta, arrancando los carteles, arrojándolos al fondo del vehículo, y así kilómetro a kilómetro para que cuando haya pasado el pelotón no quede testimonio de que por ahí circuló la Vuelta.

Todo lo controla, entre su música, entre su mundo, entre horas y horas de paciencia, Alfonso Volpini Tondo, un tarraconense, el hermano mayor –aunque invirtió los apellidos—de Xavi Tondo. Alfonso, justamente, se estrenó en la ronda española a los pocos meses de fallecer su hermano. Él conduce el coche que cierra la carrera, que indica con un cartel “fin de carrera”, que ya es hora de irse a casa o de encender el motor del vehículo porque la carretera ya queda plenamente accesible para conducir. “Muy pocas veces la gente protesta, más bien aplaude, y más, al pasar por pueblos, cuando toco el claxon del coche para advertir que la circulación ya está libre. Y hasta hay a veces una especie de exclamaciones porque algunos entienden que la fiesta ya se ha acabado”.

Circula justo detrás del coche escoba, que sigue existiendo, aunque casi nunca acceda un corredor que decide abandonar. “Todos se suben a los coches de los equipos. El coche escoba se emplea para llevar ruedas y accesorios de los vehículos neutros, los que atienden las averías de los ciclistas cuando no llegan sus propios coches”.

Alfonso llevó en su coche la bicicleta de Nairo Quintana, cuando el hoy líder de la Vuelta, se cayó a las afueras de Pamplona en la ronda del 2014 y tuvo que abandonar la carrera en ambulancia. “La bici me la dieron a mí y la coloque en la furgoneta que conducía por aquel entonces hasta que vi parado a Chente García Acosta (segundo director del Movistar) y la recogió”.

No ve un ciclista, si acaso, en una larga recta, al final, divisa la imagen del pelotón cuando rueda compacto. “Entonces me digo: ‘vaya, realmente, estoy en la Vuelta”. Si se para un coche de un equipo, de los médicos, de los comisarios o de los invitados, él debe detener el suyo y aguardar hasta que se reintegran en carrera. ¡La de gente que ha visto orinar al borde de la carretera!

Siempre va acompañado de un motorista de la Guardia Civil, quien lleva una bandera verde, la señal de que la carretera esta libre. En ocasiones, cuando un coche se ha rezagado más de la cuenta, hay que echar mano del acelerador. “El Guardia Civil se pone delante de mí y me marca el camino. Tenemos la carretera cerrada y debemos llegar rápidos a cola de pelotón. Realmente ese instante, que apenas dura unos tres minutos, es el más divertido del día”.

Y, así desde hace cinco años, así para contemplar un mundo diferente, una ronda española distinta, la que no se ve en la tele y la que difícilmente aparece en las crónicas deportivas de la carrera.