De Fernando Escartín, aquel gran escalador de Biescas

Escartin

Hubo un día que obligó a los aficionados al ciclismo a coger un mapa para ver en que lugar de Huesca estaba el pueblo de Biescas. En una ocasión un diputado de las Cortes de Aragón formuló una pregunta. Se había indignado porque Pedro Delgado, por otro lado sin mala intención, había dicho en TVE que Fernando Escartín tenía un pedaleo agónico. Y, es verdad, hace ahora 20 años fueron muchos los que sufrieron casi tanto o más que Escartín de verlo moviéndose como pocos corredores profesionales han hecho encima de la bici.

Y también hubo una vez en que Escartín triunfó en lo alto de Piau Engaly, en su mejor día como ciclista. Fue el 20 de julio de 1999 y sucedió en la etapa reina del Tour, de la ronda francesa en la que terminó en la tercera posición para subir al podio de los Campos Elíseos. Ese día su padre, rodeado de periodistas, miraba la gesta de su hijo desde la pantalla gigante instalada en la meta. Y el hombre se emocionó… eran tantos y tantos años de esfuerzo. Aquel día sí que mereció la pena retorcerse, dejar el alma sobre la bici.

A la Vuelta -hoy es el director técnico de la carrera- le debe haber conocido a Ana, su mujer, y la madre de sus dos hijos, Pablo, que va para ciclista y ya destaca como corredor juvenil en València, y Álvaro, que se ha decantado más por chutar el balón. Escartín tiene 50 años y sigue saliendo un par de días a la semana en bici. Y hasta ha pegado a Ana el cariño por este deporte. Y el matrimonio se sube a las bicis y hasta se atreven a compartir juntos el encanto de alguna marcha cicloturista.

Desde hace más de 10 años Escartín vive en la capital valenciana, porque es la ciudad de Ana. “A Biescas vamos en julio y agosto y algunos fines de semana. Son cuatro horas de coche”. En agosto hasta que comienza la Vuelta. Él es culpable (o inocente, según como se mire) del recorrido de la carrera. Es quien busca las carreteras, prepara el rutómetro y busca el lugar más idóneo para las salidas y llegadas de las etapas. Es un trabajo que hace en colaboración con Paco Giner, que fuera director deportivo de equipos como Artiach, y Kiko García, que fue olímpico en Barcelona 92 y luego corredor en las filas del ONCE.

“Todas las etapas las hago como mínimo dos veces en coche y las más complicadas, generalmente las de montaña, hasta en tres ocasiones. Ahora, al acabar la Vuelta, me tomaré unos diez días de descanso, pero enseguida ya comenzaré a inspeccionar las etapas del 2019, puesto que en enero tenemos que presentar la próxima edición”. Lo cuenta Escartín en la Plaza Mayor de Salamanca, el lugar que escogió para que partiera este martes la décima etapa de la prueba.

Y, muchas veces, parir un recorrido no resulta tarea fácil. “Cada vez es más complicado entrar en las grandes ciudades. Hay una gran cantidad de rotondas y obstáculos que luego pueden ser muy peligrosos para los ciclistas, como las protecciones a los contenedores y los bolardos, que siempre tratamos que sean retirados por los ayuntamientos afectados. Sobre todo, en el último kilómetro, cuando los ciclistas van más rápidos preparando el esprint, no puede haber ningún objeto con el que puedan impactar”, explica Escartín, ayer y siempre el escalador de Biescas.