Corazón vasco en la Volta a Catalunya

Euskadi

Mikel Bizkarra, Garikoitz Bravo, Cyril Barthe, Héctor Sáez, Julen Irizar, Enrique Sanz y Eduard Prades. Ellos corren la Volta con la ilusión de tal vez el pueblo más ciclista de la Península Ibérica. Porque pocos lugares hay en el mundo donde el ciclismo se viva con tanta intensidad como en el País Vasco. Su carrera, denominada la Itzulia, que se disputa en dos semanas, llena las carreteras y el paso de los ciclistas por los pueblos vascos es todo un acontecimiento, al más puro estilo del Tour. Estos siete nombres que encabezan esta entrada (jueves, 22 de marzo, Volta del 2018) corresponden a los ciclistas que representan en la ronda catalana al Euskadi-Murias, la escuadra vasca que este año ha entrado en la denominada categoría continental profesional, la que les permite correr pruebas del calendario World Tour como la Volta, la Itzulia, la Clásica de San Sebastián y la Vuelta, a la que esperan llegar como invitados el próximo mes de agosto.

Son una escuadra modesta. Este jueves, por ejemplo, en la salida de Llanars casi costaba encontrar el minibus del conjunto vasco rodeado de magnos autocares de las grandes escuadras internacionales. El Euskadi-Murias ha venido a la Volta con los coches justos, un pequeño bus, lejos de la estructura, por ejemplo, del Sky, equipo que prácticamente deja sin espacio al resto de equipos en los aparcamientos de los hoteles, de tanto vehículo que llevan. El año pasado, por ejemplo, hasta había una especie de carrera, entre conjuntos rivales al de Chris Froome. Se trataba, si tenían la suerte o la desgracia de compartir hotel con ellos, de llegar antes, porque de lo contrario había que rezar para encontrar un rincón donde dejar los coches, ya que los británicos se hacían con todos los espacios. Hubo hasta alguna queja.

El Euskadi ha venido con lo justo y hasta se ha permitido alinear a un corredor catalán, Eduard Prades, de Alcanar, al sur de Tarragona. Ellos saben que conseguir una victoria ante los mejores ciclistas del mundo es tarea casi imposible. Sin embargo, no pierden la ilusión, como la de Bizkarra, quien el miércoles se fugó con Thomas de Gendt, hasta que se quedó sin fuerzas y no pudo seguir al ciclista belga.

Jon Odriozola es algo así como el padre de todo el proyecto, que de hecho no es nuevo, porque llevan cuatro años tratando de abrirse camino en el pelotón profesional. Y así hasta esta temporada en la que la constructora Murias (una empresa vasca que desarrolla todo tipo de proyectos, como por ejemplo un área comercial que se ha inagurado en Melilla) invirtió más dinero para que el equipo diera un paso adelante, el primero en lo que se espera sea un sueño de futuro y que no es otro que correr en un tiempo no muy lejano el Tour. Al menos este año saborearán, salvo sorpresa, el aroma de la Vuelta y cuando la ronda española entre en Vizcaya recibirán el aliento de los suyos para sentirse protagonistas y las estrellas del pelotón.

Odriozola, presente en la Volta, a excepción de este jueves que ha tenido que viajar a Euskadi, fue ciclista profesional en los años 90 y estuvo enrolado en el conjunto del Banesto en la época post Induráin. Él es el mánager del equipo, el que lleva la bandera de Euskadi tintada en sus vehículos aunque, a diferencia del mítico Euskaltel, no recibe ningún tipo de subvención ni del Gobierno vasco ni de las instituciones de Euskadi. El ciclismo vasco trata de resurgir tras la crisis que supuso la desaparición del Euskaltel. El Euskadi-Murias ya navega en el oceano World Tour y la Fundación Euskadi, heredera del proyecto pionero del que surgió el Euskaltel, se mueve entre los jóvenes vascos y trata de descubrir nuevas figuras con Mikel Landa como mecenas del equipo.

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