Contador, cuando no esté, se le añorará

Contador

Disfruten, disfruten, y hasta tres veces… disfruten de Alberto Contador porque no queda mucho tiempo, muchas carreras y muchos años para verlo en acción. Y hasta es probable que sea su último Tour. Disfruten viéndolo fugado por la Croix de Fer, porque quedan muy pocos individuos de su casta. ¿Atacar de lejos? ¿Eso qué es? Esa costumbre se pierde en el ciclismo contemporáneo y hay corredores a los que solo parece que les guste demarrar cuando ven la compañía de las vallas de la zona de meta.

El Contador del 2017 no es, por desgracia, el que hace diez años se presentó en el Tour, precisamente atacando en la ascensión al Galibier. Era un chico de Pinto, que tampoco era un extraño y del que se sabía, desde que ganó la difunta Setmana Catalana, que corría con buena parte del futuro del ciclismo español en sus piernas. Contador es ahora un corredor experimentado, que sabe medir y administrar los esfuerzos pero que no pierde el carácter indomable con el que consiguió ganar las tres principales carreras del calendario mundial, Tour, Vuelta y Giro. El número total mejor lo dejaremos estar porque, por desgracia, nada fue igual desde el famoso control antidopaje de Pau en el 2010.

Contador, tal como dijo en el 2007, siempre ha tenido que estar, a excepción de este año, en el lugar y en el equipo equivocados. Le pasó cuando lo vincularon erróneamente a la operación Puerto (2006), como alumno aventajado de Manolo Saiz. Luego, cuando creyó encontrar la paz en el Astana, con una escuadra a su imagen y semejanza, se le presentó Lance Armstrong y con él llegó la cizaña hasta el punto de que el corredor madrileño pronunció en el 2009, tras ganar por segunda vez en París, la famosa frase de que “he corrido dos Tours, uno en la carretera y otro en el hotel”. Con Bjarne Riis volvió a tener sosiego pero el Saxo Bank no podía asumir por sí solo todo el presupuesto del equipo. Y fue entonces cuando apareció un personaje casi siniestro, el típico nuevo rico, en este caso ruso, Oleg Tinkov, que quiso construir una especie de cortijo con su equipo al grito de ordeno y mando.

En otoño pasado hasta le prohibió fotografiarse, aunque fuera correctamente vestido de Tinkoff, junto a sus nuevos compañeros del Trek, bajo la amenaza de no pagarle la última parte del sueldo. Sin embargo, según explican personas conocedoras del caso, no fue el único porque con Peter Sagan también tuvieron las suyas a la hora de rescindir, con premios y dietas, el contrato que ligaba al corredor eslovaco con la escuadra rusa.

Contador lleva varios años meritando su retirada. Hasta la anunció para el año pasado. Pero sigue teniendo ilusión, para escaparse en los Alpes y para exigir a su equipo que no le monte un grupo de esprínters para disputar la Vuelta. O le pone escaladores o se queda en casa. Disfruten, por lo tanto, de sus ataques porque en el 2019 el ciclista madrileño ya será historia en el ciclismo mundial.

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