Con la Volta en el corazón

Los ciclistas, a punto de tomar la salida en la primera etapa de la Volta 2017.

Rueda la Volta por las carreteras catalanas. Y lo hace con los ciclistas sonrientes porque con calor, sin los agobios propios del verano, los corredores se sienten más dichosos. Se saludan discretamente Alberto Contador y Chris Froome. Es la primera vez que se encuentran este año. No se habían visto desde que la Vuelta a España los colocó en Madrid como segundo y cuarto de la carrera. También se ve feliz a Alejandro Valverde, quien mira atento a sus rivales británico y madrileño. El líder del Movistar también quiere la victoria en la prueba.

Pero, justo cuando Rubén Peris, presidente de la prueba, bajaba la bandera en Calella que indicaba que la primera etapa acababa de comenzar, llegó el comunicado de la victoria, la principal, más allá, de quién sea el próximo domingo el vencedor en la edición 2017. ASO, la empresa dueña del Tour, anunciaba de forma oficial la colaboración con la carrera catalana los próximos años. Con la Volta en el corazón, este anuncio es como decir que se ha acabado la cartilla de racionamiento para la carrera, que ningún empresario catalán se puede sentir feliz después de haber rechazado año a año, al menos en el último lustro, poner un euro en la carrera por etapas más antigua del planeta después del Tour y del Giro. En la Volta sucedía algo que estaba fuera de toda lógica. ¿Por qué se apostaba por otras pruebas, incluso españolas, y se rechazaba participar en la catalana? En París lo han visto claro. En París entienden de ciclismo. Y comprenden sobre todo que esto es un negocio… y rentable, que es lo más importante.

El ciclismo sigue vivo, la gente continúa disfrutando, ahora cuando los tiempos están calmados y alegres como el día que ha bendecido esta primera etapa de la Volta, Pero el público no dio la espalda en la época dura, negra, cuando los corredores, impulsados muchas veces por sus equipos, que miraban para otro lado, se habían convertido en farmacias ambulantes que quitaban toda credibilidad a este deporte.

Puede ser triste que en París haya visto lo que en Barcelona no han sabido captar. Pero lo importante es que la Volta está salvada, que no será necesaria la siempre discutible ayuda oficial y que las personas que voluntariamente llevan años trabajando desinteresadamente para que esta carrera se mantenga a flote pueden respirar tranquilos… y felices. A partir de ahora se verá la presencia francesa en la carrera –tal como ocurre en la Vuelta, por ejemplo– pero los que siempre han estado al lado de la ronda catalana, como Peris, y también como Carles Alférez pueden dormir tranquilos.

Alférez, para los más profanos, es la persona que se encarga de preparar el recorrido de la carrera desde hace décadas. El mismo que en 1965, recién licenciado de la mili, se apuntó como chófer del coche de los médicos de la prueba, tras ver un anuncio en la prensa. A los 74años, jubilado, como pasión, como voluntario, sigue sin perderse una edición. Su coche precede a los corredores. Y como siempre con la Volta en el corazón.

 

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