Como en el Tour, pero más familiar

Caravana

La Vuelta es más familiar que el Tour pero, realmente, todo se parece mucho. Hay caravana publicitaria, hay zonas acotadas para los invitados y casi los mismos equipos que participan en una u otra carrera. En Francia se cierran las carreteras muchas horas antes y se limita el acceso a los puertos, la mayoría de los casos, la tarde anterior a la escalada de los ciclistas. En el Tour hay kilómetros y kilómetros de espectadores a ambos lados de la cuneta. En la Vuelta sucede un hecho diferente a Francia. Allí es difícil encontrar una zona del país que esté desierta de casas, poblaciones, edificios. Y, encima, julio es el mes por excelencia de las vacaciones.

Evidentemente, tal como sucedió, por ejemplo, el viernes y el sábado pasado, aguantar en zonas donde no hay un alma ni un bar en kilómetros a la redonda horas y horas con el termómetro por encima de los 42 grados es simplemente imposible. No hay persona que lo aguante. Las comunicaciones terrestres para acceder a la carretera por donde pasa el Tour es, pese a los controles policiales, mucho más fácil que en la Vuelta. Francia tiene una red de carreteras secundarias magnífica; en España hay las justas y necesarias e, incluso, como pasó en Puerto Lumbreras, el pelotón no tuvo otro remedio que coger durante una veintena de kilómetros la autovía que une Murcia con Andalucía porque no había otro camino para pasar. Y, ello, claro está, supone un tapón increíble de tráfico, nada bueno para desatar el amor hacia el ciclismo.

Generalmente para llegar del pueblo A al pueblo B solo se puede hacer por una ruta y cuando se corta la carretera es imposible que el aficionado pueda acceder. Por eso, la gente espera a los ciclistas en sus pueblos, donde siempre se cuelgan carteles alusivos a la prueba y a las figuras que concurren. Hasta el año pasado era una locura la pasión que había hacia Alberto Contador.

Sin embargo, este domingo ha sido fantástico el número de espectadores que se ha reunido en la ascensión a La Covatilla. En algunas zonas, nada se tenía que envidiar al Tour y, seguramente, la mayoría de cicloturistas salmantinos han querido ascender al puerto con sus bicicletas.

En las salidas siempre se desata la locura. La Vuelta acota la zona donde se aparcan los corredores para que no se origine un caos de espectadores, pero con un poco de paciencia es posible esperar la salida del autobús de ciclistas como Valverde, Nibali, Aru o Sagan, algunas de las estrellas apuntadas este año a la carrera. Y sin olvidar el cariño que siempre dispensa la colonia colombiana a Nairo Quintana.

La Vuelta ha ganado mucho en estos últimos años, después de estar unos cuantos años enferma, con carreteras vacías de seguidores y ni siquiera con caravana publicitaria que pudiera ofertar cualquier producto a los aficionados. Desde que entró ASO, la empresa francesa propietaria del Tour y que también gestiona la ronda española, todo cambió. Pero, siempre, las carreras ciclistas, tengan el nombre que tengan, siguen teniendo una magia única, la firma de este deporte. Para ver a las estrellas del fútbol, el baloncesto, el tenis o el motor, por poner unos ejemplos, hay que desplazarse a un estadio, una cancha o un circuito. Aquí, con un poco de suerte, las grandes figuras pasan por la calle donde aparcas el coche y desde tu balcón los puedes ver pasar sin necesidad de moverse de casa.