Cómo distinguir a los gemelos Yates y no morir en el intento

Adam

La verdad es que este lunes (salida de Calella, primera etapa de la Volta 2019) resultaba tan difícil como siempre acertar sobre la identidad de los hermanos gemelos Simon y Adam Yates. El año pasado en la Vuelta, Simon, ganador final, corría con zapatillas blancas y su hermano Adam, más discreto en carrera, lo hacía con calzado oscuro. Usan la misma talla de bici, son como dos gotas de agua británicas y solo pequeños detalles sirven para distinguirlos.

Está claro que lo más fácil es fijarse en el dorsal porque, aunque el palmarés de Simon sea ahora algo más ilustre que el de su hermano gemelo, sobre todo por la victoria en Madrid conseguida en septiembre pasado, son tan parecidos como buenos sobre la bici. Ahora hay otro detalle generoso para no errar en la identificación. A Simon le da por afeitarse de forma asidua mientras Adam apuesta por una pequeña barba, al estar algo reñido con la cuchilla.

Son posiblemente los dos hermanos gemelos más fantásticos que ha dado la historia del ciclismo y desde este lunes y hasta el domingo ambos figuran al frente del conjunto australiano del Mitchelton entre los favoritos para anotarse la victoria en Barcelona. Son tan parecidos que si quisieran, cosa que evidentemente no harán, se podrían intercambiar sobre la bici y la verdad que nadie se daría cuenta pues hasta es semejante la forma en la que ambos pedalean.

Hay un detalle importante para distinguir a Adam Yates de su hermano. En el Tour del 2016, cuando Adam ganó la clasificación al mejor joven menor de 25 años de la general (el jersey blanco, cuarto en París), hubo una imagen que dio la vuelta al mundo. En la primera etapa de los Pirineos un corredor atacó durante el descenso del Aspin. Cuando se disponía a ganar la etapa en solitario la plataforma hinchable que por aquel entonces indicaba que quedaba un kilómetro a meta cayó encima del fugado que no era otro que Adam Yates. El accidente le produjo una herida en la cara que le ha dejado una cicatriz permanente cerca del pómulo. Es ahora la marca que lo diferencia de su hermano Simon.

El tono de voz es el mismo. Simon, en carácter, es un poco más extrovertido que su hermano. Ambos viven parte del año en Andorra aunque en invierno pasan largas temporadas en Tenerife, en el Teide, para acostumbrarse a la altitud y huir del frío andorrano. Solo hablan inglés, al contrario que otros corredores que se dejan entender en otras lenguas del pelotón como el castellano, el francés o el italiano, o una mezcla de todas ellas.

Ni los propios auxiliares del conjunto Mitchelton son capaces de diferenciarlos. “El domingo por la noche entré en la habitación porque quería comentarles unos detalles de la bici. Estaban a oscuros y me hablaban los dos. Tuve que encender la luz y preguntarles quién era Simon y quién era Adam“. Lo explica David Fernández, mecánico de la escuadra australiana, quien hasta que no se fijó en la cicatriz de Adam no sabía con qué hermano estaba hablando.

En Calella los dos usaban este lunes el mismo tipo de gafas de sol, aunque Simon llevaba el contorno en amarillo y Adam en tono oscuro. Por eso, aunque el título sea cómo distinguir a los gemelos Yates y no morir en el intento, la verdad es que supone tarea difícil. Hay que emplear estos pequeños detalles en la ropa (gafas o dorsal) para no liarse y sobre todo mirarlos a la cara para descubrir la cicatriz de Adam Yates, un mal recuerdo del Tour.

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