Coge la bici y sal a entrenar con Froome

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¿Alguien se podría imaginar que el día antes de jugar la final de la Champions un chaval podría hacer un rondo junto a las figuras de su equipo de fútbol? ¿Sería posible realizar unos intercambios de bolas con Roger Federer antes de la final de Wimbledon? ¿Intentar unos triples a 24 horas de la final de la NBA con uno de los equipos protagonistas? En ciclismo, y nada menos que en el Tour, sí que es posible salir a entrenar con Chris Froome, Sergio Henao, Vasil Kyrienka, Christian Knees, Michal Kwiatkowski, Mikel Landa, Mikel Nieve y Luke Rowe, los ocho corredores del Sky que este lunes han descansado en un hotel a las afueras de Le Puy en Velay, una pequeña joya del urbanismo de obligada visita en un viaje a Francia y a los territorios del Macizo Central.

Los cicloturistas ni molestan ni se les expulsa cuando esperan a las estrellas del pedal a las puertas de su hotel, en una jornada de descanso del Tour. La carretera es de todos, incluso de los automovilistas que no respetan el metro y medio de seguridad a la hora de adelantar a un corredor. Y lo que no es posible en otros deportes, no por crítica hacia la especialidad, si no por la propia estructura, se puede hacer en ciclismo. Que nadie olvide que para acercarse a una etapa del Tour solo hay que cargarse de paciencia ya que se calcula que un espectador pasa una media de seis horas aguardando la llegada del pelotón. Pero es un espectáculo gratuito, que no cuesta un euro, más allá del viaje. Aquí no se cobra entrada, ni siquiera el sábado cuando la contrarreloj saldrá y llegará desde el interior del Stade Velodrome. Allí por razones de seguridad se obliga a reservar la localidad por internet. Pero se entrega de forma gratuita.

Este lunes, mientras Froome y Landa atendían a los periodistas en su hotel, ambos de forma individual, dos chavales aguardaban a la puerta, con sus bicis y con la ilusión de poder vestir el ‘maillot’ del Sky que habían comprado en un comercio de ciclismo. Iban con sus cascos, sus gafas, sus guantes, sus zapatillas, los bidones… perfectamente preparados para aguantar, siempre a cola del grupo para no molestar a los profesionales, unos minutos de entrenamiento con el conjunto británico. ¡Rodar con Froome! Ver para creer… respirar su mismo oxígeno y pisar el mismo asfalto con las ruedas de la bici. Y encima protegido de la furia del tráfico por el coche del Sky.

No fueron los únicos chicos porque tambien había cicloturistas esperando a Bardet o a Contador, o a Fabio Aru en su distante hotel de Saint Étienne. Es la maravilla de este deporte donde las estrellas pueden pasar por la puerta de casa y verlos desde el balcón. Han crecido las medidas de seguridad y hay que templar los nervios y pensar que la prisa mata, como dicen en Marruecos, pero ninguno de los gendarmes que vigilaba el hotel del Sky impidió a los dos chavales seguir la estela de Froome y su séquito. Y los directores y auxiliares del Sky, tampoco. La magia del Tour… del ciclismo.

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