Cacos y ciclismo, una mala relación

Los ciclistas del Tour se disponen a tomar la salida

Los ciclistas del Tour se disponen a tomar la salida

Cuando te roban o crees que lo han hecho el cuerpo se acoge a un sentimiento de impotencia que, personalmente, no se lo deseo a nadie. Mi relación con los cacos, por desgracia, siempre ha estado vinculada al ciclismo. Recuerdo ahora el inicio dela Vuelta 2003. Volaba hacia Asturias, porque la prueba se iniciaba en Gijón. Siempre tengo la manía de dejar la cremallera de la maleta en un punto determinado. Por eso, cuando la vi aparecer por la cinta del aeropuerto ya me mosqueó que no estuviera donde yo había dejado el cierre. Y menudo el desaguisado que me encontré en el interior. La ropa estaba toda revuelta y faltaban dos pertenencias: un chubasquero de marca y unos sonajeros de plata que cometí la torpeza de dejar en la maleta . Era un obsequio que le llevaba a Pedro Delgado, ya que pocos días antes habían nacido sus hijos gemelos.

Mi anterior encuentro con los ladrones tuvo lugar en Gavà Mar. Era el año 1999 y preparaba junto a José Luis Laguía y Pedro Delgado la ascensión al Angliru (ellos por delante y yo por detrás). A Joselu le habían hablado de un monte que se llamaba Rat Penat y que era lo más parecido, aunque en corto, a la cima asturiana que había en Catalunya. Cada día al mediodía dejábamos el coche aparcado en la zona marítima de Gavà, calentábamos unos kilómetros y ascendíamos el Rat Penat. Era principios de abril de 1999, Pepe del Ramo, exciclista profesional y dueño de la firma Catlike, nos había enviado unos cascos para que los estrenáramos en la ascensión al Angliru. Los tenía yo en el coche, en las cajas, nuevos y relucientes. Al volver del entrenamiento, no solo habían desaparecido, sino también la ropa de vestir. Todavía recuerdo el enfado con el policía nacional (también se llevaron la cartera con todas las tarjetas). “Oiga, si me hubieran dejado la ropa no habría aparecido en la comisaría vestido de ciclista”. La faena con las tarjetas fue grandísima, aunque gracias a la denuncia, no hubo que pagar nada. Compraron en una tienda un televisor, un equipo de música y un vídeo. Con otra, según me explicó después la policía, un camionero, que la adquirió en el mercado negro, recorrió el trayecto de ida y vuelta entre Barcelona y Ginebra. Puso el carburante que le hizo falta y en vez de dormir en el habitáculo de la cabina lo hizo en hoteles de lujo, después de cenar en restaurantes de la Guía Michelín.

Esta mañana mi relación cacos-ciclismo se ha vuelto a repetir, aunque afortunadamente no ha desaparecido ningún objeto (una chaqueta, unas gafas y cargador del móvil era cuanto había en el interior). Como el aparcamiento del hotel estaba completo dejé el vehículo en el exterior, en una avenida de Lieja donde ha habido fiesta y vehículos con banderas españolas arriba y abajo hasta después de las 2 de la madrugada. Al cargar la maleta me he dado cuenta de que estaba reventado el cristal posterior derecho. Menos mal que los mecánicos de Skoda, que acompañan el Tour y todos los días montan un taller ambulante, se han podido hacer cargo de la reparación. Son checos y muy amables. Espero que haya sido el de hoy el divorcio definitivo cacos-ciclismo.