Al calor de la ikurriña

 

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El ciclismo muchas veces juega y alimenta la ilusión de un pueblo. Y, difícilmente, hay en la faz de la tierra uno que disfrute más con este deporte que el del País Vasco. Un altísimo porcentaje de corredores profesionales españoles procede de Euskadi, una auténtica y verdadera cuna de corredores desde todos los tiempos: Loroño, Gandarias, Perurena, Galdos, Lasa, Gorospe, Cabestany, Olano y más recientemente Mikel Landa. Jon Odriozola, de Oñati, Guipúzcoa, corrió la mayor parte de su carrera profesional en el Banesto que trataba de resurgir y sobrevivir al día después, a la retirada de Miguel Induráin. 4 Tours, 6 Vueltas y 1 Giro, con una victoria en la tradicional Subida al Urkiola, carrera que se disputó hasta el 2009, configuran su palmarés. Ya hace cinco años se metió entre ceja y ceja sacar un equipo que recuperase el brillo del desaparecido Euskaltel y que permitiera formar una nueva cantera de corredores, y no solo vascos. “Y acoger, haciéndolos profesionales, a muchos ciclistas que otros no querían”.

Nació el Euskadi Basque Country-Murias, nombre oficial del conjunto vasco que disputa la Vuelta por segunda vez. Fruto de la colaboración entre Turismo de Euskadi y una empresa de construcción, el conjunto forma a nuevos valores del ciclismo como Sergio Samitier, con apellido de mito del fútbol, Fernando Barceló, Mikel Bizkarra y, sobre todo, Óscar Rodríguez, quien el año pasado estrenó el palmarés del equipo en la Vuelta, al ganar la etapa de La Camperona.

Muchas veces, la subsistencia de un equipo de ciclismo es la propia lucha por la vida. Nunca está todo claro. Que si llegan nuevos patrocinadores, a ver cómo lo hacen y qué aportan. “Yo no puedo retener a los chavales para el año que viene. Me gustaría que el proyecto se impulsase al máximo. Si se van los chicos, habrá que empezar con los nuevos”. Odriozola ahora solo quiere pensar en arropar a Óscar Rodríguez para que fructifique su intento de acabar entre los 10 primeros de la Vuelta; ese es el objetivo principal del Euskadi, antes que pelear con ahínco por triunfar en las fugas. “Lo que sucedió en Javalambre, donde llegó la fuga de Madrazo, ocurre una vez cada 30 años. Por ello, es tan difícil pelear por conseguir la victoria en una escapada”.

Corren con la ilusión de un pueblo, llevan la ikurriña ocupando la mitad delantera del coche. Es como si hicieran la Vuelta al calor de la bandera de Euskadi y seguro que Óscar Rodríguez, el ‘navarrico’ que creció entusiasmado por los éxitos de Induráin, les da una alegría cualquier día de estos.